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Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
People Lives Famous :: Hollywood, yes, we live for the fame ~ :: # Zona Residencial :: # Casa de McFly.
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Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Llevaba horas dándo vueltas por Los Ángeles. Y os voy a explicar el por qué.
Primero, no encontraba la salida del aeropuerto.
Segundo, tampoco encontré ningún taxi hasta que no fuí dos calles más hacia allá.
Tercero, tuve que llamar a Tom para que me dijeran en que calle vivían, porque no me acordaba y no creo que con decirle al taxista 'a la casa de McFLY' bastara.
Cuarto, el tipo del taxi creo que me vió cara de estúpida o algo, por que me llevó por la ruta más larga.
En resumen, ya estaba allí. Ante mi se alzaba la casa dónde me iba a acoplar en unos instantes. Aún tuve que insistir al taxista para que me ayudara a bajar las maletas. Vamos a omitir el detalle del precio de los taxis aquí en Los Ángeles. Encima, me cobró más por llevar a Aurora y Leia. Racistas.
Nada más tuvo su dinero en mano, el tipo arrancó como una exhalación, dejándome allí sola. Suspiré y, agarrando bien las maletas, seguí el camino hacia la puerta de entrada.
Me pareció una eternidad, pero llegué, a rastras, pero lo hice. Aurora y Leia maullaban dentro del transportín, clamando venganza. Y no sería yo quién se lo impidiera durante más tiempo.
Tras coger una gran bocanada de aire, lo cual fué extraño, porque acababa de darme cuenta de que el aire de Los Ángeles no era como el de Londres, llamé al timbre. No me abrían, llamé otra vez. Y no me acuerdo de cuantas veces más.
Mientras esperaba allí afuera, me iba imaginando una escena en la que Tom se caía dentro de una caja cuando venía corriendo a abrirme, para luego encontrarse con sus queridas gatas con las uñas preparadas para atacar cuando la puerta se abriera para recibirme. Algo que realmente disfrutaría, aunque solo fuera en mi imaginación.
Y nada, que ninguno me abría. Menuda panda de desagradecidos, ¡encima de que les traigo compañia femenina! Dejé las maletas y el transportín sobre el suelo y me aproximé a una ventana, para curiosear.
Por dentro, la casa era peor de lo que me esperaba. Estaba llena de cajas y apenas podía distinguirse el suelo entre todas ellas. Y eso que llevaban más de una semana aquí.
Como se nota que me necesitaban.
Una sombra llamó mi atención, al fondo de aquel cuarto. Y cuando quise darme cuenta, una bola de pelo naranja se lanzó sobre el cristal. Casi me caigo hacia atrás del susto.
- Joder, Marvin.- murmuré, cuando me dí cuenta de que era aquel objeto volador no identificado.- Menudo recibimiento.- el gato me miró a través del cristal, lamiéndose una pata. Negué para mi misma. Hay cosas que nunca cambian.
Volví a mi puesto en la puerta y tras respirar hondo un par de veces, me dispusé a llamar de nuevo. Pero esta vez, a mi manera.
- ¡Thomas Michael Fletcher, sé que estás ahí! ¡Ábreme o me veré obligada a decapitar tu Darth Vader colección especial!- grité, golpeando la puerta un par de veces. Cualquiera que me viera creería que estaba loca. Pero no, había estado viajando cuatropecientas horas y lo único que quería era tirarme sobre el sofá con Marvin, Aurora y Leia. Mañana ya tendría tiempo de ser normal.
Primero, no encontraba la salida del aeropuerto.
Segundo, tampoco encontré ningún taxi hasta que no fuí dos calles más hacia allá.
Tercero, tuve que llamar a Tom para que me dijeran en que calle vivían, porque no me acordaba y no creo que con decirle al taxista 'a la casa de McFLY' bastara.
Cuarto, el tipo del taxi creo que me vió cara de estúpida o algo, por que me llevó por la ruta más larga.
En resumen, ya estaba allí. Ante mi se alzaba la casa dónde me iba a acoplar en unos instantes. Aún tuve que insistir al taxista para que me ayudara a bajar las maletas. Vamos a omitir el detalle del precio de los taxis aquí en Los Ángeles. Encima, me cobró más por llevar a Aurora y Leia. Racistas.
Nada más tuvo su dinero en mano, el tipo arrancó como una exhalación, dejándome allí sola. Suspiré y, agarrando bien las maletas, seguí el camino hacia la puerta de entrada.
Me pareció una eternidad, pero llegué, a rastras, pero lo hice. Aurora y Leia maullaban dentro del transportín, clamando venganza. Y no sería yo quién se lo impidiera durante más tiempo.
Tras coger una gran bocanada de aire, lo cual fué extraño, porque acababa de darme cuenta de que el aire de Los Ángeles no era como el de Londres, llamé al timbre. No me abrían, llamé otra vez. Y no me acuerdo de cuantas veces más.
Mientras esperaba allí afuera, me iba imaginando una escena en la que Tom se caía dentro de una caja cuando venía corriendo a abrirme, para luego encontrarse con sus queridas gatas con las uñas preparadas para atacar cuando la puerta se abriera para recibirme. Algo que realmente disfrutaría, aunque solo fuera en mi imaginación.
Y nada, que ninguno me abría. Menuda panda de desagradecidos, ¡encima de que les traigo compañia femenina! Dejé las maletas y el transportín sobre el suelo y me aproximé a una ventana, para curiosear.
Por dentro, la casa era peor de lo que me esperaba. Estaba llena de cajas y apenas podía distinguirse el suelo entre todas ellas. Y eso que llevaban más de una semana aquí.
Como se nota que me necesitaban.
Una sombra llamó mi atención, al fondo de aquel cuarto. Y cuando quise darme cuenta, una bola de pelo naranja se lanzó sobre el cristal. Casi me caigo hacia atrás del susto.
- Joder, Marvin.- murmuré, cuando me dí cuenta de que era aquel objeto volador no identificado.- Menudo recibimiento.- el gato me miró a través del cristal, lamiéndose una pata. Negué para mi misma. Hay cosas que nunca cambian.
Volví a mi puesto en la puerta y tras respirar hondo un par de veces, me dispusé a llamar de nuevo. Pero esta vez, a mi manera.
- ¡Thomas Michael Fletcher, sé que estás ahí! ¡Ábreme o me veré obligada a decapitar tu Darth Vader colección especial!- grité, golpeando la puerta un par de veces. Cualquiera que me viera creería que estaba loca. Pero no, había estado viajando cuatropecientas horas y lo único que quería era tirarme sobre el sofá con Marvin, Aurora y Leia. Mañana ya tendría tiempo de ser normal.

Carrie H. Fletcher- Empleo: Hermana de Tom Fletcher.
Localización: Físicamente, Los Ángeles. Mentalmente, Londres.
Cantidad de envíos: 32
Fecha de inscripción: 08/07/2011
Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Una semana más o menos en Los Ángeles se había hecho eterna. A mi parecer, llevaba allí dos enteros meses de pereza.
Dos enteros meses diciendo
Hay que amueblar.
Hay que hacer una cena decente.
Hay que pintar.
Hay que cuidar el jardín.
Hay que vaciar lo que queda de las cajas.
Dos enteros meses sin hacer nada de lo que estaba previsto.
La noche anterior mi madre me llamó para no sólo avisarme de que había contratado una tarifa de esas para llamar al extranjero de vodafone, sino que también Carrie había tomado la decisión de venirse a Los Ángeles a vivir... con nosotros.
Al Follalagartos no le hizo mucha gracia cuando se lo conté porque decía que ya tenía suficiente con cuidarnos a todos nosotros y al gato, como para que ahora se instalara también una cría como lo era Carrie, con Aurora y Leia viajando con ella.
La verdad es que me impresionó que mis padres le dieran a mi hermana el permiso de irse a otro continente a vivir, pero no me disgustó en absoluto. Supuse, además, que el que se mudara con su hermano habría sido un dato importante para que ellos actuaran de una forma tan flexible.
La mayoría de amigos que tenía se llevaban pésimo con sus hermanos y parientes, yo agradecía que con Carrie tuviera ese vínculo tan especial, así que me encantó la idea de que se mudara aquí con nosotros. Total, la casa era grande un rato, y por fin tendríamos a alguien que nos diera cuatro gritos y nos pusiera firmes a limpiar toda esta pocilga.
Les juré y perjuré a mis padres que iría a buscarla al aeropuerto ya que, después de unas más o menos once horas de vuelo que hacía el avión directo desde Stansted a Los Ángeles, Carrie llegaría agotada. Pero, por alguna extraña razón, mi cabeza y mi cuerpo aún no se habían acostumbrado a la diferencia de horario, así que aquella mañana me levanté con normalidad, desayuné con un Danny con la baba cayéndosele dentro de la taza de Cola Cao, y me puse a hacer lo que los demás no hacían: recoger un poco aquella pocilga.
Cuando Carrie me envió un mensaje pidiéndole la dirección de casa, estaba tan adormilado que le contesté y ni me planteé el hecho de que ya hubiera llegado. Podría haberlo enviado durante... Un momento, ¿se podían enviar mensajes y hacer llamadas mientras estuvieras volando por el cielo cual Buzz Lightyear antes de caer con estilo?
Me puse Limp Bizkit a tope en los cascos que me había regalado Harry por mi cumpleaños y, con la aspiradora en una mano y abriéndome paso a patadas entre las cajas de lo que iba a ser nuestra sala de estar (que únicamente tenía instalado el sofá), comencé a limpiar el suelo mientras cantaba a todo volumen.
No sé cuánto tiempo pasó, pero nada más estaba terminando y me disponía a echar algo de atún al pienso que tenía Marvin en su cuenco, me percaté de que el minino ya no estaba encima de la caja de libros donde lo había dejado.
Llevé mis cascos al cuello y grité su nombre para saber dónde estaba, con ese tono pícaro que pone todo dueño a su mascota. Repentinamente escuché una voz amenazante y claramente femenina, además de serme familiar... muy familiar.
Carrie.
Miré el reloj que colgaba malamente de una de las paredes de la sala. Seguro que había sido obra de Danny el chapuzas. Dios mío, si los cálculos no me fallaban, Carrie hacía rato que tendría que haber llegado.
Tiré el tubo de la aspiradora con descuido sobre una pila de mantas echadas en el suelo y, saltando cajas descalzo y aún en pijama, recorrí el pasillo de nuestra casa y me dispuse a acercarme a la puerta, sin mirar siquiera por la merilla para ver quién estaba al otro lado del porche.
Sin mirar mi apariencia en el espejo de la entrada (estaba vestido tal y como me había despertado, con únicamente mi habitual parte inferior del pijama), abrí la puerta principal para encontrarme con, a parte de un montón de maletas, mi pequeña hermanita y su cabello dorado y brillante bajo el sol californiano.
-¡Carrie Hope Fletcher!
Mis brazos se dirigieron a su cintura, abrazándola fuertemente y elevándola unos centímetros del suelo. Con un poco de suerte, el cariño eclipsaría mi mala memoria y mi irresponsabilidad de hermano mayor.
Dos enteros meses diciendo
Hay que amueblar.
Hay que hacer una cena decente.
Hay que pintar.
Hay que cuidar el jardín.
Hay que vaciar lo que queda de las cajas.
Dos enteros meses sin hacer nada de lo que estaba previsto.
La noche anterior mi madre me llamó para no sólo avisarme de que había contratado una tarifa de esas para llamar al extranjero de vodafone, sino que también Carrie había tomado la decisión de venirse a Los Ángeles a vivir... con nosotros.
Al Follalagartos no le hizo mucha gracia cuando se lo conté porque decía que ya tenía suficiente con cuidarnos a todos nosotros y al gato, como para que ahora se instalara también una cría como lo era Carrie, con Aurora y Leia viajando con ella.
La verdad es que me impresionó que mis padres le dieran a mi hermana el permiso de irse a otro continente a vivir, pero no me disgustó en absoluto. Supuse, además, que el que se mudara con su hermano habría sido un dato importante para que ellos actuaran de una forma tan flexible.
La mayoría de amigos que tenía se llevaban pésimo con sus hermanos y parientes, yo agradecía que con Carrie tuviera ese vínculo tan especial, así que me encantó la idea de que se mudara aquí con nosotros. Total, la casa era grande un rato, y por fin tendríamos a alguien que nos diera cuatro gritos y nos pusiera firmes a limpiar toda esta pocilga.
Les juré y perjuré a mis padres que iría a buscarla al aeropuerto ya que, después de unas más o menos once horas de vuelo que hacía el avión directo desde Stansted a Los Ángeles, Carrie llegaría agotada. Pero, por alguna extraña razón, mi cabeza y mi cuerpo aún no se habían acostumbrado a la diferencia de horario, así que aquella mañana me levanté con normalidad, desayuné con un Danny con la baba cayéndosele dentro de la taza de Cola Cao, y me puse a hacer lo que los demás no hacían: recoger un poco aquella pocilga.
Cuando Carrie me envió un mensaje pidiéndole la dirección de casa, estaba tan adormilado que le contesté y ni me planteé el hecho de que ya hubiera llegado. Podría haberlo enviado durante... Un momento, ¿se podían enviar mensajes y hacer llamadas mientras estuvieras volando por el cielo cual Buzz Lightyear antes de caer con estilo?
Me puse Limp Bizkit a tope en los cascos que me había regalado Harry por mi cumpleaños y, con la aspiradora en una mano y abriéndome paso a patadas entre las cajas de lo que iba a ser nuestra sala de estar (que únicamente tenía instalado el sofá), comencé a limpiar el suelo mientras cantaba a todo volumen.
No sé cuánto tiempo pasó, pero nada más estaba terminando y me disponía a echar algo de atún al pienso que tenía Marvin en su cuenco, me percaté de que el minino ya no estaba encima de la caja de libros donde lo había dejado.
Llevé mis cascos al cuello y grité su nombre para saber dónde estaba, con ese tono pícaro que pone todo dueño a su mascota. Repentinamente escuché una voz amenazante y claramente femenina, además de serme familiar... muy familiar.
Carrie.
Miré el reloj que colgaba malamente de una de las paredes de la sala. Seguro que había sido obra de Danny el chapuzas. Dios mío, si los cálculos no me fallaban, Carrie hacía rato que tendría que haber llegado.
Tiré el tubo de la aspiradora con descuido sobre una pila de mantas echadas en el suelo y, saltando cajas descalzo y aún en pijama, recorrí el pasillo de nuestra casa y me dispuse a acercarme a la puerta, sin mirar siquiera por la merilla para ver quién estaba al otro lado del porche.
Sin mirar mi apariencia en el espejo de la entrada (estaba vestido tal y como me había despertado, con únicamente mi habitual parte inferior del pijama), abrí la puerta principal para encontrarme con, a parte de un montón de maletas, mi pequeña hermanita y su cabello dorado y brillante bajo el sol californiano.
-¡Carrie Hope Fletcher!
Mis brazos se dirigieron a su cintura, abrazándola fuertemente y elevándola unos centímetros del suelo. Con un poco de suerte, el cariño eclipsaría mi mala memoria y mi irresponsabilidad de hermano mayor.



Who's your lover?
I couldn't tell...
- Retos:

Te reto a hacerte una orgía con el resto de McFLY. Pero con público, será divertido :D - Ashley Tisdale.
Te reto a decirle a Harry que querrías hacer una orgía con Ashley, él, Emilia y tu. Y no, sin estar de coña - Emilia Clarcke.

Tom M. Fletcher- Cat? I'm a Kitty Cat.
- Empleo: Vocalista, guitarrista y compositor.
Localización: Los Ángeles, CALIFORNIA.
Cantidad de envíos: 1802
Fecha de inscripción: 16/03/2009
Edad: 18

Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Finalmente, supe que Tom iba a abrirme la puerta. No porque Marvin hubiera huido de la ventana, no porque ya estaba rebuscando entre mis bolsillos para ver si encontraba la pieza con la que acababa de amenazar a mi hermano, no. Lo supe porque, como si de un elefante en una cacharrería se tratara, como si se estuviera produciendo un terremoto en Los Ángeles, comenzaron a resonar pisadas y golpes de cajas cayéndose al suelo. Muy típico de él, como no.
Sujeté firmemente el transportín de Aurora y Leia, dispuesta a abrirlo en cuanto el desordenado cabello de mi hermano apareciera por la puerta. Pero no me dió tiempo alguno de hacer aquello, pues cuando me quise da cuenta, una especie de oso rubio me estaba levantando del suelo, en un no muy claro intento de abrazo. Le correspondí al abrazo, luchando por no dejar caer a las pobres gatas mientras esperaba que se le pasara el momento de efusividad.
En cuanto mis pies tocaron suelo firme, y sin mediar media palabra, solté el transportín y comenzé a golpear el pecho desnudo de mi hermano. Intenté no pasarme de fuerza, pero total, se lo merecía.
- ¡Eres-un-mal-hermano, Tom Fletcher!- le dije, elevando la mirada, mientras me separaba un par de pasos. No, no había colado su ataque de cariño. Me había abandonado en el aeropueto, a mi suerte. Me cruzé de brazos y entré a la casa, pasando por su lado.
Y fué entonces cuando comprendí que no había juzgado bien el desastre desde la ventana. Dejé caer los brazos hacia los lados, entreabriendo la boca. Marvin llegó hasta mi, ronroneando y pasándo entre mis piernas, pero yo no estaba ahora para darme cuenta de ello.
- Dime que esto no es cierto...- murmuré, girándome hacia él, mirando con horror las cajas, y después a él, y así sucesivamente. Estos primeros días iban a ser horribles para mí, pero para ellos más. No pensaba vivir entre cajas ni un segundo más. Tal vez a ellos les gustara tener moqueta de cartón durante semanas y semanas, pero a mi no. Y desde luego, no sabían a quién acaban de meter en casa. Sí, esto iba a ser un lugar donde vivir decentemente en un par de días.
Suspiré y le señalé las maletas a mi hermano para que se encargara de ellas, sonriendo dulcemente. Me agaché para recoger a Marvin del suelo y le acaricié la cabeza, dándole un beso en el pelaje. Acto seguido, y como si de un corral de toros se tratara, abrí el transportín de Aurora y Leia, dejándo que se cebaran con Tom todo lo que quisieran. Y después, lo único que hice fué encogerme de hombros y preguntar.- Y bueno, ¿dónde está mi habitación?
Sujeté firmemente el transportín de Aurora y Leia, dispuesta a abrirlo en cuanto el desordenado cabello de mi hermano apareciera por la puerta. Pero no me dió tiempo alguno de hacer aquello, pues cuando me quise da cuenta, una especie de oso rubio me estaba levantando del suelo, en un no muy claro intento de abrazo. Le correspondí al abrazo, luchando por no dejar caer a las pobres gatas mientras esperaba que se le pasara el momento de efusividad.
En cuanto mis pies tocaron suelo firme, y sin mediar media palabra, solté el transportín y comenzé a golpear el pecho desnudo de mi hermano. Intenté no pasarme de fuerza, pero total, se lo merecía.
- ¡Eres-un-mal-hermano, Tom Fletcher!- le dije, elevando la mirada, mientras me separaba un par de pasos. No, no había colado su ataque de cariño. Me había abandonado en el aeropueto, a mi suerte. Me cruzé de brazos y entré a la casa, pasando por su lado.
Y fué entonces cuando comprendí que no había juzgado bien el desastre desde la ventana. Dejé caer los brazos hacia los lados, entreabriendo la boca. Marvin llegó hasta mi, ronroneando y pasándo entre mis piernas, pero yo no estaba ahora para darme cuenta de ello.
- Dime que esto no es cierto...- murmuré, girándome hacia él, mirando con horror las cajas, y después a él, y así sucesivamente. Estos primeros días iban a ser horribles para mí, pero para ellos más. No pensaba vivir entre cajas ni un segundo más. Tal vez a ellos les gustara tener moqueta de cartón durante semanas y semanas, pero a mi no. Y desde luego, no sabían a quién acaban de meter en casa. Sí, esto iba a ser un lugar donde vivir decentemente en un par de días.
Suspiré y le señalé las maletas a mi hermano para que se encargara de ellas, sonriendo dulcemente. Me agaché para recoger a Marvin del suelo y le acaricié la cabeza, dándole un beso en el pelaje. Acto seguido, y como si de un corral de toros se tratara, abrí el transportín de Aurora y Leia, dejándo que se cebaran con Tom todo lo que quisieran. Y después, lo único que hice fué encogerme de hombros y preguntar.- Y bueno, ¿dónde está mi habitación?

Carrie H. Fletcher- Empleo: Hermana de Tom Fletcher.
Localización: Físicamente, Los Ángeles. Mentalmente, Londres.
Cantidad de envíos: 32
Fecha de inscripción: 08/07/2011
Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Mantuve alrededor de veinte segundos a Carrie elevada al aire, con todas mis fuerzas. No es que fuera un Harry musculoso, pero tenía la suficiente resitencia como para coger a mi hermana, lo había hecho desde que nació, siendo un mocoso de siete años, y lo seguiría haciendo hasta que tuviera la cadera jodida como nuestra abuela.
No me fijé, pero Carrie tenía el transportín de mis gatas Aurora y Leia, aquellas a las que había decidido no traer de momento por la mudanza, aquellas que había dejado en Londres mientras me traía, al menos, a Marvin como compañía. Resultó duro despedirme de ambas, al fin y al cabo no dejaban de ser mis niñas, pero Marvin llevaba tantos años a mi lado, que sin duda era el más privilegiado de todos, aunque estuviera exageradamente extresado por el viaje y el cambio de aires, y tuviera que tomar unas pastillas relajantes que el veterinario me había recomendado.
Nada más dejé a Carrie en el suelo, comenzó a darme unos puñetazos que, a mi parecer, no eran dolorosos sino molestos. Sin saber muy bien cómo recibirlos, y sin querer picarme con mi hermana, mientras me llamaba mal hermano palabra por puño, me dediqué a reír entre dientes y retroceder ligeramente, soltando exclamaciones como "¡Au!", "¡Ey", "¡Jó, Carrie!".
Al entrar dentro, se quedó petrificada y soltó unas palabras de indignación. Ahora se avecinaba la descarga de la tormenta. Y es que Carrie no soportaba el desorden, y yo era lo más desordenado, irresponsable, vago y demás adjetivos similares.
-Dime que esto no es cierto...
Carrie estaba boquiabierta. Era cierto. Nunca en la vida había habido casa similar. A aquello apenas se le podía llamar hogar.
Sonreí con inocencia y me estiré como uno de mis gatos acostumbraba hacer nada más subía la persiana de mi habitación y la luz del día iluminaba la cama donde dormían conmigo. Mis huesos crugieron ligeramente, y mi rostro mostró un pequeño mohín ante el rostro de mi hermana.
-¿Qué pasa? Cuando me mudé con Giovanna -era la primera vez en mucho tiempo que la nombraba. Tuve que parar, extrañado conmigo mismo- también tuvimos la casa así -"ahora, que no tanto tiempo. Las ropas de Danny todavía siguen en la maleta".
Carrie pareció querer tomárselo con calma, así que, girándose graciosamente sobre sus propios pequeños pies, sonrió "amablemente", invitándome a meter su equipaje por ella. Maldita señorita consentida, y luego se quejaba del machismo.
Rodé los ojos, mostrando una sonrisita de medio lado. Estaba contento de que estuviera allí, para qué engañarnos, pero sabía que se convertiría en la imagen de mi propia madre, la que nos haría dejar todo como la patena siempre que ella estuviera delante.
Dejó sueltas a las gatas, que se aproximaron con veloces pasitos felinos hacia mí, acurrucándose a mis pies Aurora mientras Leia se dedicaba a arañarme el bajo de la tela de mis pantalones. Preferí tomarme con tranquilidad aquello de coger a mis gatas en brazos mientras Marvin seguía a mi hermana. Besé cariñosamente la cabecita de Leia y acaricié el suave pelaje de Aurora, girándome sobre mis propios pies para observar la espalda de mi hermana cubierta por sus largos rubios dorados.
Dejé a Aurora y a Leia junto a Marvin, y, mientras los tres gatos juntos correteaban rumbo hacia las habitaciones, subiendo por las escaleras con elegancia y graciosidad, yo cargué como una mula con las cosas de Carrie. Iba a dejarlas en el suelo nada más cerrar la puerta, pero supuse que miraría aquello con desaprobación y, seguramente, diría algo como "Cuidado, que tengo las planchas ahí dentro". Y es que cuando a la niña le daba por alisarse el pelo...
La pasé de largo, dirigiéndome a la cocina cuya encimera Danny tendría que haber recogido después de desayunar, y dejé sus cosas sobre la mesa, a falta de tener poco lugares libres.
Me asomé por el marco de la puerta, observándola sonriente. Ay, el tema de las habitaciones...
-Supongo que la que queda libre. Harry tiene la más grande, yo la segunda más grande, también; y los demás con las mejores vistas. Pero no te preocupes, tengo lo mejor para ti -o eso me parecía a mí.
Esquivando varias cajas, subí al primer piso, encontrándome a medio camino con los mininos. Me llevé el dedo índice a mis labios, pidiendo silencio a Carrie ya que era muy probable que Dougie y Harry siguieran aún dormidos. Al fondo del pasillo, al lado de la habitación de Harry, abrí una puerta que tenía más escaleras, que llevaban a un bonito ático donde me hubiera gustado a mí mismo instalarme.
Le mostré la habitación* a Carrie, esperando que le gustara, ya que a mí lo hacía. Era pequeña, pero acogedora, con el techo en forma de V alrevés a causa del tejado, y un ventanal redondo gigante en una de las paderes que daban a la parte trasera del jardín. En la habitación vacía, había un par de baldas que yo, como pude, había instalado. Un colchón yacía también apoyado y aún envuelto en una de las paderes, al lado de las maderas de la cama.
FDR: Hombre, escógela tú pero yo me la imagino {más o menos} así, click :3
No me fijé, pero Carrie tenía el transportín de mis gatas Aurora y Leia, aquellas a las que había decidido no traer de momento por la mudanza, aquellas que había dejado en Londres mientras me traía, al menos, a Marvin como compañía. Resultó duro despedirme de ambas, al fin y al cabo no dejaban de ser mis niñas, pero Marvin llevaba tantos años a mi lado, que sin duda era el más privilegiado de todos, aunque estuviera exageradamente extresado por el viaje y el cambio de aires, y tuviera que tomar unas pastillas relajantes que el veterinario me había recomendado.
Nada más dejé a Carrie en el suelo, comenzó a darme unos puñetazos que, a mi parecer, no eran dolorosos sino molestos. Sin saber muy bien cómo recibirlos, y sin querer picarme con mi hermana, mientras me llamaba mal hermano palabra por puño, me dediqué a reír entre dientes y retroceder ligeramente, soltando exclamaciones como "¡Au!", "¡Ey", "¡Jó, Carrie!".
Al entrar dentro, se quedó petrificada y soltó unas palabras de indignación. Ahora se avecinaba la descarga de la tormenta. Y es que Carrie no soportaba el desorden, y yo era lo más desordenado, irresponsable, vago y demás adjetivos similares.
-Dime que esto no es cierto...
Carrie estaba boquiabierta. Era cierto. Nunca en la vida había habido casa similar. A aquello apenas se le podía llamar hogar.
Sonreí con inocencia y me estiré como uno de mis gatos acostumbraba hacer nada más subía la persiana de mi habitación y la luz del día iluminaba la cama donde dormían conmigo. Mis huesos crugieron ligeramente, y mi rostro mostró un pequeño mohín ante el rostro de mi hermana.
-¿Qué pasa? Cuando me mudé con Giovanna -era la primera vez en mucho tiempo que la nombraba. Tuve que parar, extrañado conmigo mismo- también tuvimos la casa así -"ahora, que no tanto tiempo. Las ropas de Danny todavía siguen en la maleta".
Carrie pareció querer tomárselo con calma, así que, girándose graciosamente sobre sus propios pequeños pies, sonrió "amablemente", invitándome a meter su equipaje por ella. Maldita señorita consentida, y luego se quejaba del machismo.
Rodé los ojos, mostrando una sonrisita de medio lado. Estaba contento de que estuviera allí, para qué engañarnos, pero sabía que se convertiría en la imagen de mi propia madre, la que nos haría dejar todo como la patena siempre que ella estuviera delante.
Dejó sueltas a las gatas, que se aproximaron con veloces pasitos felinos hacia mí, acurrucándose a mis pies Aurora mientras Leia se dedicaba a arañarme el bajo de la tela de mis pantalones. Preferí tomarme con tranquilidad aquello de coger a mis gatas en brazos mientras Marvin seguía a mi hermana. Besé cariñosamente la cabecita de Leia y acaricié el suave pelaje de Aurora, girándome sobre mis propios pies para observar la espalda de mi hermana cubierta por sus largos rubios dorados.
Dejé a Aurora y a Leia junto a Marvin, y, mientras los tres gatos juntos correteaban rumbo hacia las habitaciones, subiendo por las escaleras con elegancia y graciosidad, yo cargué como una mula con las cosas de Carrie. Iba a dejarlas en el suelo nada más cerrar la puerta, pero supuse que miraría aquello con desaprobación y, seguramente, diría algo como "Cuidado, que tengo las planchas ahí dentro". Y es que cuando a la niña le daba por alisarse el pelo...
La pasé de largo, dirigiéndome a la cocina cuya encimera Danny tendría que haber recogido después de desayunar, y dejé sus cosas sobre la mesa, a falta de tener poco lugares libres.
Me asomé por el marco de la puerta, observándola sonriente. Ay, el tema de las habitaciones...
-Supongo que la que queda libre. Harry tiene la más grande, yo la segunda más grande, también; y los demás con las mejores vistas. Pero no te preocupes, tengo lo mejor para ti -o eso me parecía a mí.
Esquivando varias cajas, subí al primer piso, encontrándome a medio camino con los mininos. Me llevé el dedo índice a mis labios, pidiendo silencio a Carrie ya que era muy probable que Dougie y Harry siguieran aún dormidos. Al fondo del pasillo, al lado de la habitación de Harry, abrí una puerta que tenía más escaleras, que llevaban a un bonito ático donde me hubiera gustado a mí mismo instalarme.
Le mostré la habitación* a Carrie, esperando que le gustara, ya que a mí lo hacía. Era pequeña, pero acogedora, con el techo en forma de V alrevés a causa del tejado, y un ventanal redondo gigante en una de las paderes que daban a la parte trasera del jardín. En la habitación vacía, había un par de baldas que yo, como pude, había instalado. Un colchón yacía también apoyado y aún envuelto en una de las paderes, al lado de las maderas de la cama.
FDR: Hombre, escógela tú pero yo me la imagino {más o menos} así, click :3



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- Retos:

Te reto a hacerte una orgía con el resto de McFLY. Pero con público, será divertido :D - Ashley Tisdale.
Te reto a decirle a Harry que querrías hacer una orgía con Ashley, él, Emilia y tu. Y no, sin estar de coña - Emilia Clarcke.

Tom M. Fletcher- Cat? I'm a Kitty Cat.
- Empleo: Vocalista, guitarrista y compositor.
Localización: Los Ángeles, CALIFORNIA.
Cantidad de envíos: 1802
Fecha de inscripción: 16/03/2009
Edad: 18

Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Me había quedado muy relajada. Tal vez el desorden de la casa fuera el factor clave que me hiciera pensar en volver a Londres, pero tras pensarlo detenidamente, no lo iba a hacer. Más que nada porque, al pegar a mi hermano, me dí cuenta de que no podría vivir sin fastidiarle cada día de mi vida. Admitámoslo, en Londres me había aburrido sin Marvin y sin nadie que entendiera mis frikadas. No pienses en Charlie, me dije, no pienses en Charlie.
Giré sobre mis propios talones, dándo una vuelta completa. La casa no estaba tan mal. Era grande y espaciosa, como cualquier casa que McFLY solía tener. Había muchas ventanas, por lo que era bastante luminosa, al menos en aquella parte dónde me encontraba. Tal vez todas aquellas cajas que se amontonaban unas sobre otras no hacían acogedor aquel sitio, que aún no era digno de llamarse hogar, pero en cuanto me pusiera manos a la obra y les aplicara un poquito de mano dura, esto quedaría genial. Oh dios mío, ya estaba pensando como mi madre. Ahora entiendo por lo que tuvo que pasar ella antes de que yo naciera, rodeada de hombres. No la envidiaba.
Observé atentamente y con el ceño fruncido a mi hermano, que me dedicó una sonrisa inocente y se estiró, para luego intentar quitarle importancia al asunto. Me dieron ganas de tirarle a Marvin, pero el pobre gato no tenía la culpa. Suspiré al escucharle nombrar a Giovanna. Sinceramete, no sé por qué lo dejaron. Ella siempre me cayó bien, y todos pensamos que estarían juntos, al menos, bastantes años más. Supongo que cuando llevas saliendo con una persona desde que tienes 15 años, las cosas se vuelven monótonas. Pero a mi no me sentó muy bien que digamos, porque a saber que pánfila se buscaba ahora mi hermano. Seguro que se liaría con alguna elfa de la noche de World of Warcraft, me lo veía venir.
- Ya, pero no es lo mismo.- murmuré, dándole la espalda.- Erais tu y Giovanna, aquí sois 4.- bueno, ahora 5, pero no importaba- Y apuesto a que, a estas alturas, ya tendrías algo más o menos ordenado. No intentes convencerme de que no eres un vago, Tom Fletcher.
Le miré de reojo cuando salió a coger mis maletas, mientras me mordía el labio suavemente e intentaba reprimir una media sonrisa. Seguro que ahora mismo me estaba poniendo verde mentalmente por aprovecharme de esa manera de él, pero igual que los golpes, se lo merecía. Me había abandonado en un aeropuerto, sola, perdida y asustada. Además, y mucho más fácil de explicar, era mi hermano mayor, y los hermanos mayores estan para hacer estas cosas, y punto.
Cuando me pasó por el lado, dirigiendose a la cocina, le seguí con la mirada, entrecerrando los ojos. Unos segundos antes de que dejara mis cosas sobre la mesa, abrí la boca para advertirle de algo que sabía que el sabía que yo iba a decir. Si señores, menudo trabalenguas.
- Ten cuidado. Vosotros no lo entenderías, pero tengo mis planchas ahí dentro.
Él lo único que hizo fué asomarse por el marco de la puerta y sonreirme. Lo sabía, no tenía ni idea de dónde meterme. Uno de estos días, juro que vería una procesión de muñecos de Star Wars desfilando ventana abajo. Y ese día no tardaría en llegar. Escuché atentamente lo que me dijo, aplaudiéndole mentalmente. Al menos había conseguido la segunda más grande, y eso que siempre se la quedaba Danny. Era todo un logro.
Me preparé mentalmente para lo que él decía 'lo mejor para mí'. Podía ser un sótano, o el tejado, tenía que pensar en lo peor. Fruncí los labios, viéndole subir los peldaños hacai el piso de arriba. No tardé mucho en cargar con Marvin y seguirle. Nada más llegamos al descansillo lleno de puertas, él se giró y me indico silencio. Gracias Tom, ya lo sabía. No tenía ganas de que Harry saliera de la habitación, cabreado y buscando vengarse. Lo más seguro es que me cargara como un saco de patatas y me tirara por la puerta, como los guardaespaldas estos de las discotecas. Decidí que lo mejor era hacerle caso.
No tardamos en llegar a mi nuevo cuarto, tras subir unas escaleras que habían al lado de la habitación del anteriormente nombrado, Harry. La sorpresa fué mucho más grande cuando entré en aquel ático, más que nada porque había pensado que tendría que dormir en el suelo, con Leia, Aurora o Marvin. Miré ilusionada aquello, caminando hasta el centro de la habitación. Ya estaba pensando cómo decorarlo, colocaría un póster por allí, y el espejo en aquella pared...
- Oh, Tom, ¡es precioso!- exclamé, girándome hacia él, olvidándome del cabreo por el abandono y todo lo de más. Al fin y al cabo, era mi hermano, y le quería en lo más hondo de mi corazón. Me acerqué a él, dándo pequeños saltos, sin dejar de girarme para mirarlo todo.- Muchas gracias por acogerme.- le dije, cuando ya estuve a su lado.- Te quiero, hermanito.- sonreí ampliamente y le dí un beso en la mejilla. Hasta ahora no me había dado cuenta, pero le había hechado un montón de menos aquella semana.
FDR: Así como está me encanta *O*
Giré sobre mis propios talones, dándo una vuelta completa. La casa no estaba tan mal. Era grande y espaciosa, como cualquier casa que McFLY solía tener. Había muchas ventanas, por lo que era bastante luminosa, al menos en aquella parte dónde me encontraba. Tal vez todas aquellas cajas que se amontonaban unas sobre otras no hacían acogedor aquel sitio, que aún no era digno de llamarse hogar, pero en cuanto me pusiera manos a la obra y les aplicara un poquito de mano dura, esto quedaría genial. Oh dios mío, ya estaba pensando como mi madre. Ahora entiendo por lo que tuvo que pasar ella antes de que yo naciera, rodeada de hombres. No la envidiaba.
Observé atentamente y con el ceño fruncido a mi hermano, que me dedicó una sonrisa inocente y se estiró, para luego intentar quitarle importancia al asunto. Me dieron ganas de tirarle a Marvin, pero el pobre gato no tenía la culpa. Suspiré al escucharle nombrar a Giovanna. Sinceramete, no sé por qué lo dejaron. Ella siempre me cayó bien, y todos pensamos que estarían juntos, al menos, bastantes años más. Supongo que cuando llevas saliendo con una persona desde que tienes 15 años, las cosas se vuelven monótonas. Pero a mi no me sentó muy bien que digamos, porque a saber que pánfila se buscaba ahora mi hermano. Seguro que se liaría con alguna elfa de la noche de World of Warcraft, me lo veía venir.
- Ya, pero no es lo mismo.- murmuré, dándole la espalda.- Erais tu y Giovanna, aquí sois 4.- bueno, ahora 5, pero no importaba- Y apuesto a que, a estas alturas, ya tendrías algo más o menos ordenado. No intentes convencerme de que no eres un vago, Tom Fletcher.
Le miré de reojo cuando salió a coger mis maletas, mientras me mordía el labio suavemente e intentaba reprimir una media sonrisa. Seguro que ahora mismo me estaba poniendo verde mentalmente por aprovecharme de esa manera de él, pero igual que los golpes, se lo merecía. Me había abandonado en un aeropuerto, sola, perdida y asustada. Además, y mucho más fácil de explicar, era mi hermano mayor, y los hermanos mayores estan para hacer estas cosas, y punto.
Cuando me pasó por el lado, dirigiendose a la cocina, le seguí con la mirada, entrecerrando los ojos. Unos segundos antes de que dejara mis cosas sobre la mesa, abrí la boca para advertirle de algo que sabía que el sabía que yo iba a decir. Si señores, menudo trabalenguas.
- Ten cuidado. Vosotros no lo entenderías, pero tengo mis planchas ahí dentro.
Él lo único que hizo fué asomarse por el marco de la puerta y sonreirme. Lo sabía, no tenía ni idea de dónde meterme. Uno de estos días, juro que vería una procesión de muñecos de Star Wars desfilando ventana abajo. Y ese día no tardaría en llegar. Escuché atentamente lo que me dijo, aplaudiéndole mentalmente. Al menos había conseguido la segunda más grande, y eso que siempre se la quedaba Danny. Era todo un logro.
Me preparé mentalmente para lo que él decía 'lo mejor para mí'. Podía ser un sótano, o el tejado, tenía que pensar en lo peor. Fruncí los labios, viéndole subir los peldaños hacai el piso de arriba. No tardé mucho en cargar con Marvin y seguirle. Nada más llegamos al descansillo lleno de puertas, él se giró y me indico silencio. Gracias Tom, ya lo sabía. No tenía ganas de que Harry saliera de la habitación, cabreado y buscando vengarse. Lo más seguro es que me cargara como un saco de patatas y me tirara por la puerta, como los guardaespaldas estos de las discotecas. Decidí que lo mejor era hacerle caso.
No tardamos en llegar a mi nuevo cuarto, tras subir unas escaleras que habían al lado de la habitación del anteriormente nombrado, Harry. La sorpresa fué mucho más grande cuando entré en aquel ático, más que nada porque había pensado que tendría que dormir en el suelo, con Leia, Aurora o Marvin. Miré ilusionada aquello, caminando hasta el centro de la habitación. Ya estaba pensando cómo decorarlo, colocaría un póster por allí, y el espejo en aquella pared...
- Oh, Tom, ¡es precioso!- exclamé, girándome hacia él, olvidándome del cabreo por el abandono y todo lo de más. Al fin y al cabo, era mi hermano, y le quería en lo más hondo de mi corazón. Me acerqué a él, dándo pequeños saltos, sin dejar de girarme para mirarlo todo.- Muchas gracias por acogerme.- le dije, cuando ya estuve a su lado.- Te quiero, hermanito.- sonreí ampliamente y le dí un beso en la mejilla. Hasta ahora no me había dado cuenta, pero le había hechado un montón de menos aquella semana.
FDR: Así como está me encanta *O*

Carrie H. Fletcher- Empleo: Hermana de Tom Fletcher.
Localización: Físicamente, Los Ángeles. Mentalmente, Londres.
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Fecha de inscripción: 08/07/2011
Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Arriba en el ático donde Carrie se instalaría, mientras ella entraba e inspeccionaba la que sería su nueva habitación, pequeña pero encantadora, yo cerré la puerta tras mis espaldas, lentamente, después de que los gatos entraran y subieran sobre las tablas del mueble de la cama, aún sin el colchón colocado sobre él.
Sonreí al ver su reacción, haciendo caso omiso de la cara que puso Carrie cuando nombré a Giovanna. Si no hubiera sido porque amaba a Giovanna con locura, diría que a Carrie le dolió más que a mí nuestra ruptura. Y eso que yo estuve tiempo depresivo, sin ver la luz del sol (literalmente). Fui como un Dougie que no había acudido a rehabilitación.
Y es que no sabes la de vueltas que da la vida. Al igual que pasé de ser el sabiondo del instituto a ser famoso musicalmente, de la noche a la mañana mi relación con Giovanna había dado un vuelco.
Una noche te acuestas felizmente con la pareja que crees que va a estar ahí hasta tu lecho de muerte, y al día siguiente te despiertas teniéndole que confesar que te mudas a Los Ángeles por temas de trabajo con tus amigos, para abrir fronteras de tu carrera. Eso desencadena una discusión que, al igual que un kanguro, te hace saltar de un tema a otro, hasta acabar discutiendo de cómo doblas los calcetines, o de lo mal que te cae la suegra.
Todo puede ir perfectamente bien hasta acabar perfectamente mal. ¿Que por qué me acordaba repentinamente de esto? No había sido mi temporada, sin duda. Desde que sacamos Above The Noise nos hicimos más conocidos, sí, pero también más desdichados. Estaba insatisfecho con mis composiciones, con las producciones de nuestra discográfica... Supongo que lo de Giovanna fue la gota que colmó el vaso de mi paciencia y mi salud mental. Que Carrie desviara la mirada al nombrarla me hizo acordar de cómo había acabado allí.
Pero ahora no era tiempo de pensar en ello. Era tiempo de salir con mis amigos y reanimarme, de volver a quedar con Ashley y reírme de que se había metido en mi cama sin que yo lo supiera, de vivir miles de aventuras y situaciones épicas. De olvidar y volver a empezar. Y recuperar las riendas de la música que me hacía sentir vivo, a base de guitarra, bajo, voz, y buena batería.
Estaba tan sumergido en mis pensamientos, que no me di cuenta de la reacción de Carrie. Para cuando alcé mis ojos castaños hacia ella, mi hermana ya se estaba acercando sonriente dando saltitos hacia mí.
-Oh, Tom, ¡es precioso!
Curvé mi comisura izquierda, provocando así que un pequeño hoyuelo saliera en mi mejilla. Ante todo, mi sonrisa era la salvación de toda situación. En aquel mismo momento sonreí como si un "de nada" facial se tratara, aunque también fue una sonrisa llena de júbilo y orgullo.
Carrie se acercó graciosamente, con su nariz respingona primero rozando la mejilla de mi hoyuelo para luego besármela. Cuando se volvió a girar, mirando ilusionada la habitación y haciendo gestos cual pintora, planeando qué haría con su cuarto, la cogí de la muñeca, arrastrándola con delicadeza hacia mí y abrazándola.
Estaba muy contento de tener una compañía femenina a mi lado que no fuera la Tisdale (maldito Harry y sus apuestas). Estaba muy contento de tener a mi hermana de nuevo.
Sonreí al ver su reacción, haciendo caso omiso de la cara que puso Carrie cuando nombré a Giovanna. Si no hubiera sido porque amaba a Giovanna con locura, diría que a Carrie le dolió más que a mí nuestra ruptura. Y eso que yo estuve tiempo depresivo, sin ver la luz del sol (literalmente). Fui como un Dougie que no había acudido a rehabilitación.
Y es que no sabes la de vueltas que da la vida. Al igual que pasé de ser el sabiondo del instituto a ser famoso musicalmente, de la noche a la mañana mi relación con Giovanna había dado un vuelco.
Una noche te acuestas felizmente con la pareja que crees que va a estar ahí hasta tu lecho de muerte, y al día siguiente te despiertas teniéndole que confesar que te mudas a Los Ángeles por temas de trabajo con tus amigos, para abrir fronteras de tu carrera. Eso desencadena una discusión que, al igual que un kanguro, te hace saltar de un tema a otro, hasta acabar discutiendo de cómo doblas los calcetines, o de lo mal que te cae la suegra.
Todo puede ir perfectamente bien hasta acabar perfectamente mal. ¿Que por qué me acordaba repentinamente de esto? No había sido mi temporada, sin duda. Desde que sacamos Above The Noise nos hicimos más conocidos, sí, pero también más desdichados. Estaba insatisfecho con mis composiciones, con las producciones de nuestra discográfica... Supongo que lo de Giovanna fue la gota que colmó el vaso de mi paciencia y mi salud mental. Que Carrie desviara la mirada al nombrarla me hizo acordar de cómo había acabado allí.
Pero ahora no era tiempo de pensar en ello. Era tiempo de salir con mis amigos y reanimarme, de volver a quedar con Ashley y reírme de que se había metido en mi cama sin que yo lo supiera, de vivir miles de aventuras y situaciones épicas. De olvidar y volver a empezar. Y recuperar las riendas de la música que me hacía sentir vivo, a base de guitarra, bajo, voz, y buena batería.
Estaba tan sumergido en mis pensamientos, que no me di cuenta de la reacción de Carrie. Para cuando alcé mis ojos castaños hacia ella, mi hermana ya se estaba acercando sonriente dando saltitos hacia mí.
-Oh, Tom, ¡es precioso!
Curvé mi comisura izquierda, provocando así que un pequeño hoyuelo saliera en mi mejilla. Ante todo, mi sonrisa era la salvación de toda situación. En aquel mismo momento sonreí como si un "de nada" facial se tratara, aunque también fue una sonrisa llena de júbilo y orgullo.
Carrie se acercó graciosamente, con su nariz respingona primero rozando la mejilla de mi hoyuelo para luego besármela. Cuando se volvió a girar, mirando ilusionada la habitación y haciendo gestos cual pintora, planeando qué haría con su cuarto, la cogí de la muñeca, arrastrándola con delicadeza hacia mí y abrazándola.
Estaba muy contento de tener una compañía femenina a mi lado que no fuera la Tisdale (maldito Harry y sus apuestas). Estaba muy contento de tener a mi hermana de nuevo.



Who's your lover?
I couldn't tell...
- Retos:

Te reto a hacerte una orgía con el resto de McFLY. Pero con público, será divertido :D - Ashley Tisdale.
Te reto a decirle a Harry que querrías hacer una orgía con Ashley, él, Emilia y tu. Y no, sin estar de coña - Emilia Clarcke.

Tom M. Fletcher- Cat? I'm a Kitty Cat.
- Empleo: Vocalista, guitarrista y compositor.
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Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Estaba muy ilusionada. A decir verdad, nada más había pisado Los Ángeles pensé que aquello no era para mí, que debía volver a Londres y dejar a los chicos, al fin y al cabo ellos eran capaces de dejar toda su vida atrás, pero yo no sabía aún si sería capaz. Tenía que intentarlo, al fin y al cabo, ya era mayor de edad y me tenía que ir acostumbrando.
En una de mis vueltas por el ático, me giré para decirle algo a mi hermano, pero al verle la cara, me mordí la lengua. Conocía aquella mirada perdida mejor que nadie, porque fuí una de las primeras y pocas personas que tuvo que apoyarle cuando lo suyo con Giovanna no funcionó. Al principio me cabreé un montón con ellos dos, sobretodo con mi hermano. Pero cuando pude notar lo destrozado que le dejó aquello, estuve allí para prestarle un hombro sobre donde desahogarse. Porque como bien había dicho antes, los hermanos estan para eso.
Suspiré y estuve tentada de acercarme a él para animarle, si podía hacerlo. Giovanna y él estuvieron mucho tiempo juntos, se casaron, todos creímos que estarían juntos para siempre. Y darte cuenta de que no es así, de que la persona con la que llevas toda la vida se te escapa, es lo peor que te puede pasar. Y lo entendía mejor que nadie, desde luego. No quise ponerme a pensar en mi situación, porque supongo que no era ni la mitad de doloroso. Y más si el cabezota de Tom se negaba a entrar en rehabilitación como su amigo Dougie. El prefería montarse su propia consulta con sus muñequitos y sus juegos de rol, cada uno se olvida de las cosas como prefiere.
Fué entonces cuando sentí algo vibrar en el bolsillo de mis shorts. Dí un pequeño respingo cuando comenzó a sonar la de 'Million Girls' cantada por mí y Tom, una canción que me traía un montón de recuerdos. Saqué el móvil de mi bolsillo y miré la pantalla, curiosa, era un nuevo mensaje de un número desconocido. Lo más seguro es que fuera mi madre con el móvil de alguna amiga. Sonreí y lo abrí, leyendo el contenido nada más apareció en la pantalla. Juro que intenté que mi cara no expresara el horror de la situación. El mundo conspiraba contra mí. Sí, era mi madre. Pero no, no era una buena noticia. Me anunciaba que había hablado con Giovanna, que estaba muy mal, y adivinad qué... Giovanna estaba de camino a Los Ángeles. Y encima me pone una carita sonriente al final del mensaje. Increíble.
Al levantar la cabeza y ver que mi hermano seguí sumergido entre recuerdos, decidí no decirle nada. No era el momento, asi que con la mejor de mis sonrisas y intentando olvidar aquel desafortunado imprevisto, hice lo que mejor se me daba: disimular.
Y fué justo tras darle aquel beso en la mejilla, justo cuando comenzaba a planear como decoraría la habitación, cuando supe que había hecho bien en venir a vivir con Tom. Sentí su mano agarrarme de la muñeca y darme la vuelta. Apenas unos segundos después, me encontraba de nuevo entre sus brazos, pero esta vez no me levantó del suelo, si no que fué un abrazo de cariño. Un abrazo de esos en que las dos personas se tranmiten cuánto se han hechado de menos. Y supe que él necesitaba a su pequeña ricitos, igual que yo necesitaba al tonto de mi friki-hermano.
Pasé mis brazos por su cuello y le abracé con fuerza. Intenté no sentirme culpable por no comentarle lo de aquel mensaje, aunque fuera lo mejor. Suspiré suavemente y me separé poco a poco para poder mirarle, sin deja de abrazarle. Sonreí y deslicé mi mano hacia su desordenado cabello rubio, revolviéndoselo aún más.
- Tengo un montón de hambre. ¿Te apetece que hagamos algún exprimento Fletcher en la cocina?- y sin dejarle pronunciar ni una sola palabra, corrí escaleras abajo, con la esperanza de acordarme de dónde estaba la cocina.
En una de mis vueltas por el ático, me giré para decirle algo a mi hermano, pero al verle la cara, me mordí la lengua. Conocía aquella mirada perdida mejor que nadie, porque fuí una de las primeras y pocas personas que tuvo que apoyarle cuando lo suyo con Giovanna no funcionó. Al principio me cabreé un montón con ellos dos, sobretodo con mi hermano. Pero cuando pude notar lo destrozado que le dejó aquello, estuve allí para prestarle un hombro sobre donde desahogarse. Porque como bien había dicho antes, los hermanos estan para eso.
Suspiré y estuve tentada de acercarme a él para animarle, si podía hacerlo. Giovanna y él estuvieron mucho tiempo juntos, se casaron, todos creímos que estarían juntos para siempre. Y darte cuenta de que no es así, de que la persona con la que llevas toda la vida se te escapa, es lo peor que te puede pasar. Y lo entendía mejor que nadie, desde luego. No quise ponerme a pensar en mi situación, porque supongo que no era ni la mitad de doloroso. Y más si el cabezota de Tom se negaba a entrar en rehabilitación como su amigo Dougie. El prefería montarse su propia consulta con sus muñequitos y sus juegos de rol, cada uno se olvida de las cosas como prefiere.
Fué entonces cuando sentí algo vibrar en el bolsillo de mis shorts. Dí un pequeño respingo cuando comenzó a sonar la de 'Million Girls' cantada por mí y Tom, una canción que me traía un montón de recuerdos. Saqué el móvil de mi bolsillo y miré la pantalla, curiosa, era un nuevo mensaje de un número desconocido. Lo más seguro es que fuera mi madre con el móvil de alguna amiga. Sonreí y lo abrí, leyendo el contenido nada más apareció en la pantalla. Juro que intenté que mi cara no expresara el horror de la situación. El mundo conspiraba contra mí. Sí, era mi madre. Pero no, no era una buena noticia. Me anunciaba que había hablado con Giovanna, que estaba muy mal, y adivinad qué... Giovanna estaba de camino a Los Ángeles. Y encima me pone una carita sonriente al final del mensaje. Increíble.
Al levantar la cabeza y ver que mi hermano seguí sumergido entre recuerdos, decidí no decirle nada. No era el momento, asi que con la mejor de mis sonrisas y intentando olvidar aquel desafortunado imprevisto, hice lo que mejor se me daba: disimular.
Y fué justo tras darle aquel beso en la mejilla, justo cuando comenzaba a planear como decoraría la habitación, cuando supe que había hecho bien en venir a vivir con Tom. Sentí su mano agarrarme de la muñeca y darme la vuelta. Apenas unos segundos después, me encontraba de nuevo entre sus brazos, pero esta vez no me levantó del suelo, si no que fué un abrazo de cariño. Un abrazo de esos en que las dos personas se tranmiten cuánto se han hechado de menos. Y supe que él necesitaba a su pequeña ricitos, igual que yo necesitaba al tonto de mi friki-hermano.
Pasé mis brazos por su cuello y le abracé con fuerza. Intenté no sentirme culpable por no comentarle lo de aquel mensaje, aunque fuera lo mejor. Suspiré suavemente y me separé poco a poco para poder mirarle, sin deja de abrazarle. Sonreí y deslicé mi mano hacia su desordenado cabello rubio, revolviéndoselo aún más.
- Tengo un montón de hambre. ¿Te apetece que hagamos algún exprimento Fletcher en la cocina?- y sin dejarle pronunciar ni una sola palabra, corrí escaleras abajo, con la esperanza de acordarme de dónde estaba la cocina.

Carrie H. Fletcher- Empleo: Hermana de Tom Fletcher.
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Fecha de inscripción: 08/07/2011
Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
¿Que cuánto había estado abrazando a mi hermana? Ni idea, pero calculé que tres minutos, fácil. En mí, aquello era algo raro, sobre todo algo me afectaba.
Recordaba cómo salí una noche de fiesta con Danny en la que me pasé de alcohol más de la cuenta. No estaba teniendo una buena racha, era un crío, y mis padres habían tenido una de esas crisis que nos habían aterrorizado a mi hermana y a mí. Obviamente y gracias al Cielo, aquello pasó enseguida, pero para cuando yo salí a olvidar mis penas, en lugar de pasarlo bien, acabé llorando hora y media de reloj entre los brazos de mi compañero.
Ahora que lo pensaba, entendía por qué me llamaban nenaza a veces. Supongo que a los chicos nos han criado desde pequeño con eso de "los niños no lloran", cuando, en realidad, los hombres somos los que más lágrimas derramamos o los que más sufrimos a veces, y es que no duele menos por no derramar lágrimas.
Noté los brazos de Carrie rodear mi cuello nada más aflojé su muñeca, y dejé caer mis brazos abatido para quedarme ahí quieto, sin hacer nada, tan sólo apoyando mi mano zurda en sus caderas.
Era muy afortunado. No lo decía por presumir, sino porque era verdad. Conocía a muchas familias destrozadas cuyos hermanos se llevaban tan mal que a veces rozaban la extrema violencia; conocía amigos que no eran amigos, que jamás sabrían lo que suponía tener a alguien como yo tenía a Dougie, Harry y Danny.
Era afortunado porque, aunque para mi hermana que recién era mayor de edad había sido duro mudarse al otro lado del charco, ella estaba allí, ayudándome siempre.
Normalmente, cuando la abrazaba sin razón solía protestar en modo de broma, sonreír y hacer como si tuviera la lepra, o algo. De esas reacciones de cuando te abraza alguien y no estás tan sensible como el otro como para admitir que en realidad deseas abrazarlo. Por alguna extraña razón, sin embargo, Carrie me abrazó como el día en el que asimiló que Gio y yo habíamos cortado. Tal vez... tal vez, al igual que los demás, pensaba que no lo había superado. Y era probable que así fuera. O no. Qué sé yo.
Poco a poco, se separó y me despeinó el pelo mientras arrugaba la nariz y los labios en una pequeña sonrisa. Pareció no querer mantener ningún tipo de contacto visual, ya que estuvo mirándome a la frente, y, enseguida, se giró para ir en busca de algo de comer a la cocina.
Diez segundos. Bastaron diez segundos de soledad en aquella habitación tan vacía para dejarme un poco confuso. Me sorbí la nariz y froté los ojos, con miedo a recaer. Y, tras tragar saliva y hacer que la nuez de mi garganta se contuviera sin saber cómo deshacer el nudo de mi garganta, la seguí cocina abajo, cerrando la puerta y apoyándome en el marco de la puerta cuando llegué y la vi abrir el frigorífico.
El momento paternal tan bonito que habíamos tenido, enseguida iba a desaparecer. Se notaba la falta de una mujer en esta casa. Y la falta de experiencia en cocina de todos.
-Ehh... Sí. Lo más decente que hemos comido esta semana ha sido sopa.
Por no nombrar el detalle de que aquella mañana había desayunado un bocata de bimbo de nocilla... al igual que había hecho los últimos meses. Tendría que volver a ponerme en forma.
Recordaba cómo salí una noche de fiesta con Danny en la que me pasé de alcohol más de la cuenta. No estaba teniendo una buena racha, era un crío, y mis padres habían tenido una de esas crisis que nos habían aterrorizado a mi hermana y a mí. Obviamente y gracias al Cielo, aquello pasó enseguida, pero para cuando yo salí a olvidar mis penas, en lugar de pasarlo bien, acabé llorando hora y media de reloj entre los brazos de mi compañero.
Ahora que lo pensaba, entendía por qué me llamaban nenaza a veces. Supongo que a los chicos nos han criado desde pequeño con eso de "los niños no lloran", cuando, en realidad, los hombres somos los que más lágrimas derramamos o los que más sufrimos a veces, y es que no duele menos por no derramar lágrimas.
Noté los brazos de Carrie rodear mi cuello nada más aflojé su muñeca, y dejé caer mis brazos abatido para quedarme ahí quieto, sin hacer nada, tan sólo apoyando mi mano zurda en sus caderas.
Era muy afortunado. No lo decía por presumir, sino porque era verdad. Conocía a muchas familias destrozadas cuyos hermanos se llevaban tan mal que a veces rozaban la extrema violencia; conocía amigos que no eran amigos, que jamás sabrían lo que suponía tener a alguien como yo tenía a Dougie, Harry y Danny.
Era afortunado porque, aunque para mi hermana que recién era mayor de edad había sido duro mudarse al otro lado del charco, ella estaba allí, ayudándome siempre.
Normalmente, cuando la abrazaba sin razón solía protestar en modo de broma, sonreír y hacer como si tuviera la lepra, o algo. De esas reacciones de cuando te abraza alguien y no estás tan sensible como el otro como para admitir que en realidad deseas abrazarlo. Por alguna extraña razón, sin embargo, Carrie me abrazó como el día en el que asimiló que Gio y yo habíamos cortado. Tal vez... tal vez, al igual que los demás, pensaba que no lo había superado. Y era probable que así fuera. O no. Qué sé yo.
Poco a poco, se separó y me despeinó el pelo mientras arrugaba la nariz y los labios en una pequeña sonrisa. Pareció no querer mantener ningún tipo de contacto visual, ya que estuvo mirándome a la frente, y, enseguida, se giró para ir en busca de algo de comer a la cocina.
Diez segundos. Bastaron diez segundos de soledad en aquella habitación tan vacía para dejarme un poco confuso. Me sorbí la nariz y froté los ojos, con miedo a recaer. Y, tras tragar saliva y hacer que la nuez de mi garganta se contuviera sin saber cómo deshacer el nudo de mi garganta, la seguí cocina abajo, cerrando la puerta y apoyándome en el marco de la puerta cuando llegué y la vi abrir el frigorífico.
El momento paternal tan bonito que habíamos tenido, enseguida iba a desaparecer. Se notaba la falta de una mujer en esta casa. Y la falta de experiencia en cocina de todos.
-Ehh... Sí. Lo más decente que hemos comido esta semana ha sido sopa.
Por no nombrar el detalle de que aquella mañana había desayunado un bocata de bimbo de nocilla... al igual que había hecho los últimos meses. Tendría que volver a ponerme en forma.



Who's your lover?
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- Retos:

Te reto a hacerte una orgía con el resto de McFLY. Pero con público, será divertido :D - Ashley Tisdale.
Te reto a decirle a Harry que querrías hacer una orgía con Ashley, él, Emilia y tu. Y no, sin estar de coña - Emilia Clarcke.

Tom M. Fletcher- Cat? I'm a Kitty Cat.
- Empleo: Vocalista, guitarrista y compositor.
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Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Solo me giré una vez para divisar por la puerta de aquel ático que sería mi próxima habitación, la silueta de mi hermano, totalmente parado allí delante, como si no se hubiera enterado de mis palabras. Negué con la cabeza mientras me deslizaba con cuidado por el pasillo, para no despertar a los chicos. Las cosas no estaban lo suficientemente complicadas aún, que dentro de unas horas, se complicarían más. Me mordí el labio, intentando pensar una solución para lo que se avecinaba, pero no encontraba ninguna. Desastre inminente.
Tras dejar atrás el último peldaño de las escaleras que hacía tan solo unos minutos había subido, escuché los pasos lentos de mi hermano por el pasillo. Al menos había reaccionado, aquello era un paso. Me rasqué la cabeza, mirando hacia los lados. La cocina era por la derecha, me parecía. Me aventuré hacia allí, mientras Marin, Leia y Aurora me seguían maullando, adivinando hacia dónde me dirigía. Qué listos son estos gatos.
Mi memoria no funcionaba tan mal, pensé cuando me encontré frente al frigorífico. Había encontrado la cocina a la primera. Sonreí, satisfecha de mi misma. Pero la alegría no me duró mucho. Al abrir la nevera, un extraño olor se propagó por la cocina. Al fondo había una especie de... mejunje. Lo miré atentamente, intentando adivinar que era aquello. Concluí en que era un intento, y subrayo intento, de tortilla. O eso me pareció a mi, porque no se podía adivinar a simple vista que era aquello. Dejando de lado aquella cosa, la nevera estaba prácticamente vacía. Lo único que pude comprobar con claridad, es que de cervezas no iban escasos. Tenía que hacerles una lista de prioridades a estos chicos.
De repente, Tom apareció en el marco de la puerta. Le miré intentando no estresarme antes de tiempo, mientras me hablaba de su habilidad en la cocina y la sopa de sobre. Genial, estupendo. No entendía como habían conseguido sobrevivir aquella semana comiendo aquellas cosas. Suspiré dándole la espalda, mientras abría varios cajones y armarios, en busca de algo comestible. Me encontré con comida precocinada por todos lados, un bote de nocilla, pan bimbo y unos cuantos cubiertos. No tenían ni una barra de pan normal. Dejé caer la manos sobre la encimera, rindiéndome a encontrar algo normal en aquella casa..
- Os merecéis que os hagan un reality show solo para vosotros. Y no me refiero a cosas como Mcfly on the Wall, no. Un reality show dónde os enseñen a cocinar. Aprende a cocinar con McFLY.- suspiré y me giré, dándo una palmada. Tenía que ser paciente.- ¡Bueno! Mirémoslo por la parte positiva. Tenéis huevos, e incluso puedo hacer un sandwich con el queso que tenéis en la nevera.- asentí para mi misma, mientras me dirigía a la nevera en busca de los ingredientes.
Me giré hacia mi hermano, alzándo una ceja mientras chasqueaba los dedos. Aún se creería que iba a cocinar para ellos, más faltaba. Cogí una loncha de queso y me la llevé a la boca, masticándola lentamente, con miedo a que estuviera pasada. A saber si no la habían cogido del tour bus y llevaba una eternidad allí. Comprobé que no era así y coloqué el pan bimbo para hacer 5 sandwiches decentes.
- Venga, que la comida no se hace sola.- repliqué a Tom, mientras me movía por la cocina, asemejandome cada vez a mi madre.- Ah, y recúerdame que os haga una lista cuando vayáis a comprar. Se acabó eso de auto-mataros de hambre.- y todo aquello lo dije sin mirarle, aún estaba con la mente en aquel mensaje, y no quería que se me notara. No en aquel momento.
Tras dejar atrás el último peldaño de las escaleras que hacía tan solo unos minutos había subido, escuché los pasos lentos de mi hermano por el pasillo. Al menos había reaccionado, aquello era un paso. Me rasqué la cabeza, mirando hacia los lados. La cocina era por la derecha, me parecía. Me aventuré hacia allí, mientras Marin, Leia y Aurora me seguían maullando, adivinando hacia dónde me dirigía. Qué listos son estos gatos.
Mi memoria no funcionaba tan mal, pensé cuando me encontré frente al frigorífico. Había encontrado la cocina a la primera. Sonreí, satisfecha de mi misma. Pero la alegría no me duró mucho. Al abrir la nevera, un extraño olor se propagó por la cocina. Al fondo había una especie de... mejunje. Lo miré atentamente, intentando adivinar que era aquello. Concluí en que era un intento, y subrayo intento, de tortilla. O eso me pareció a mi, porque no se podía adivinar a simple vista que era aquello. Dejando de lado aquella cosa, la nevera estaba prácticamente vacía. Lo único que pude comprobar con claridad, es que de cervezas no iban escasos. Tenía que hacerles una lista de prioridades a estos chicos.
De repente, Tom apareció en el marco de la puerta. Le miré intentando no estresarme antes de tiempo, mientras me hablaba de su habilidad en la cocina y la sopa de sobre. Genial, estupendo. No entendía como habían conseguido sobrevivir aquella semana comiendo aquellas cosas. Suspiré dándole la espalda, mientras abría varios cajones y armarios, en busca de algo comestible. Me encontré con comida precocinada por todos lados, un bote de nocilla, pan bimbo y unos cuantos cubiertos. No tenían ni una barra de pan normal. Dejé caer la manos sobre la encimera, rindiéndome a encontrar algo normal en aquella casa..
- Os merecéis que os hagan un reality show solo para vosotros. Y no me refiero a cosas como Mcfly on the Wall, no. Un reality show dónde os enseñen a cocinar. Aprende a cocinar con McFLY.- suspiré y me giré, dándo una palmada. Tenía que ser paciente.- ¡Bueno! Mirémoslo por la parte positiva. Tenéis huevos, e incluso puedo hacer un sandwich con el queso que tenéis en la nevera.- asentí para mi misma, mientras me dirigía a la nevera en busca de los ingredientes.
Me giré hacia mi hermano, alzándo una ceja mientras chasqueaba los dedos. Aún se creería que iba a cocinar para ellos, más faltaba. Cogí una loncha de queso y me la llevé a la boca, masticándola lentamente, con miedo a que estuviera pasada. A saber si no la habían cogido del tour bus y llevaba una eternidad allí. Comprobé que no era así y coloqué el pan bimbo para hacer 5 sandwiches decentes.
- Venga, que la comida no se hace sola.- repliqué a Tom, mientras me movía por la cocina, asemejandome cada vez a mi madre.- Ah, y recúerdame que os haga una lista cuando vayáis a comprar. Se acabó eso de auto-mataros de hambre.- y todo aquello lo dije sin mirarle, aún estaba con la mente en aquel mensaje, y no quería que se me notara. No en aquel momento.

Carrie H. Fletcher- Empleo: Hermana de Tom Fletcher.
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Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Reí ligeramente entre dientes ante la cara de mi hermana. Sin duda, habría molado retratarla, o inmortalizar el momento con mi móvil que estaba... Di una vuelta de 360 grados sin encontrar nada; avergonzado de mi propia memoria y desorden, preferí no decir nada.
Vi cómo, mientras mi hermana inspeccionaba el vacío frigorífico, se llevaba una mano al vientre. Puesto que no estaba acostumbrado a ver a mi hermana tomar una cerveza, y teniendo en cuenta que la cerveza no quitaba el hambre, nada más sacó los ingredientes para hacer sándwiches, me puse frente a ella, apoyado en la encimera con mi dedo índice sobre mis labios.
Abrí uno de los cajones donde guardábamos detergentes y demás botes que valían cada uno para una cosa (recordaba cómo Danny cogía todos y los mezclaba, así podría usar sólo un bote para cualquier tarea que, mira tú por donde, no había hecho todavía). Entre una bolsa de pastillas para el lavavajillas y un par de valletas sin estrenar, saqué una bolsa de cartón donde guardaba bollería para uso exclusivo de Tom Fletcher, entregándole un curasán para que fuera comiendo algo dulce y placentero, para variar.
-No le digas a nadie que guardo esto, que me los roban.
Abrí las ventanas de la puerta, que daban a la zona frontal de la casa y a su correspondiente jardín. Repentinamente, una ola de calor insoportable al que buen habitante de Londres no estaba acostumbrado nos invadió. Yo bufé, y me senté en una de las sillas, observando cómo Carrie comía un cacho de queso y se dedicaba a darme la espalda.
Yo saqué los panes de molde para los sándwiches y lo poco que quedaba de mantequilla, mientras la miraba, curioso.
-¿Por qué no me miras, Carrie? -pregunté, ignorando todos sus comentarios sobre la comida y el reality de "Aprende a cocinar con McFly". Sabía que pasaba algo, pero no tenía ni idea que tendría que ver con Giovanna, y, en el fondo, no lo sabría hasta al cabo de un par de días- ¿Qué ha pasado? ¿No te gusta esto, o qué?
No quise decir ni el típico "sé que te pasa algo, te conozco", porque ella ya sabía perfectamente que lo hacía. Y, al igual que ella conocía cuándo mentía el día de Reyes jugando al Mentiroso, al Póker o al Siete y Medio, yo sabía cuando ella ocultaba algo, ya fuera bueno o malo.
Cogí un cuchillo de esos con la punta redonda que nos había regalado la madre de Danny, diciendo ultraconvencida que la vajillería era muy cara. Como si no nos pudiéramos permitir una... Tenía clarísimo que cuando mis padres vinieran alguna vez a ver la casa, tendría que sacar una similar a la que teníamos en Harrow para Navidad.
La observe guardar silencio. Aunque no le viera la cara, apostaría lo que fuera a que había tragado saliva. Y entonces comprendí que se trataría de algo gordo. Y entonces me imaginé que lo estaría pasando tan mal, que necesitaba hablarlo con alguien.
-¿Qué le has dicho a Charlie? -dije, extrañado al no haber sabido nueva alguna de él desde que había llegado. ¿Habrían... discutido? ¿Habrían discutido como Giovanna y yo? Vaya, resulta que no éramos tan distintos al fin y al cabo. Estaba convencidísimo que su preocupación se debía a eso. Todavía no sabía que había algo más.
Vi cómo, mientras mi hermana inspeccionaba el vacío frigorífico, se llevaba una mano al vientre. Puesto que no estaba acostumbrado a ver a mi hermana tomar una cerveza, y teniendo en cuenta que la cerveza no quitaba el hambre, nada más sacó los ingredientes para hacer sándwiches, me puse frente a ella, apoyado en la encimera con mi dedo índice sobre mis labios.
Abrí uno de los cajones donde guardábamos detergentes y demás botes que valían cada uno para una cosa (recordaba cómo Danny cogía todos y los mezclaba, así podría usar sólo un bote para cualquier tarea que, mira tú por donde, no había hecho todavía). Entre una bolsa de pastillas para el lavavajillas y un par de valletas sin estrenar, saqué una bolsa de cartón donde guardaba bollería para uso exclusivo de Tom Fletcher, entregándole un curasán para que fuera comiendo algo dulce y placentero, para variar.
-No le digas a nadie que guardo esto, que me los roban.
Abrí las ventanas de la puerta, que daban a la zona frontal de la casa y a su correspondiente jardín. Repentinamente, una ola de calor insoportable al que buen habitante de Londres no estaba acostumbrado nos invadió. Yo bufé, y me senté en una de las sillas, observando cómo Carrie comía un cacho de queso y se dedicaba a darme la espalda.
Yo saqué los panes de molde para los sándwiches y lo poco que quedaba de mantequilla, mientras la miraba, curioso.
-¿Por qué no me miras, Carrie? -pregunté, ignorando todos sus comentarios sobre la comida y el reality de "Aprende a cocinar con McFly". Sabía que pasaba algo, pero no tenía ni idea que tendría que ver con Giovanna, y, en el fondo, no lo sabría hasta al cabo de un par de días- ¿Qué ha pasado? ¿No te gusta esto, o qué?
No quise decir ni el típico "sé que te pasa algo, te conozco", porque ella ya sabía perfectamente que lo hacía. Y, al igual que ella conocía cuándo mentía el día de Reyes jugando al Mentiroso, al Póker o al Siete y Medio, yo sabía cuando ella ocultaba algo, ya fuera bueno o malo.
Cogí un cuchillo de esos con la punta redonda que nos había regalado la madre de Danny, diciendo ultraconvencida que la vajillería era muy cara. Como si no nos pudiéramos permitir una... Tenía clarísimo que cuando mis padres vinieran alguna vez a ver la casa, tendría que sacar una similar a la que teníamos en Harrow para Navidad.
La observe guardar silencio. Aunque no le viera la cara, apostaría lo que fuera a que había tragado saliva. Y entonces comprendí que se trataría de algo gordo. Y entonces me imaginé que lo estaría pasando tan mal, que necesitaba hablarlo con alguien.
-¿Qué le has dicho a Charlie? -dije, extrañado al no haber sabido nueva alguna de él desde que había llegado. ¿Habrían... discutido? ¿Habrían discutido como Giovanna y yo? Vaya, resulta que no éramos tan distintos al fin y al cabo. Estaba convencidísimo que su preocupación se debía a eso. Todavía no sabía que había algo más.



Who's your lover?
I couldn't tell...
- Retos:

Te reto a hacerte una orgía con el resto de McFLY. Pero con público, será divertido :D - Ashley Tisdale.
Te reto a decirle a Harry que querrías hacer una orgía con Ashley, él, Emilia y tu. Y no, sin estar de coña - Emilia Clarcke.

Tom M. Fletcher- Cat? I'm a Kitty Cat.
- Empleo: Vocalista, guitarrista y compositor.
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Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Le miré de reojo justo cuando mi querido hermano daba una vuelta completa, buscando algo. Ignoré totalmente aquello, porque sabía que incluso él mismo se avergonzaba de su desastre particular. Luego le ayudaría a encontrar lo que fuera, aunque no supiera para que extraños y oscuros planes lo necesitaría. Lo importante ahora era cocinar algo comestible y sano. Me imaginaba que habrían vivido a base de chucherías y demás guarradas, como unos niños. Negué, suspirando mentalmente.
Alcé la mirada unos breves segundos. Tom estaba frente a mí, pidiéndome que guardara silencio respecto a lo que iba a pasar a continuación. Fruncí el ceño, parando la difícil tarea en la que me veía sumergida: ponerle mantequilla al pan de bimbo. Observé atentamente como se dirigía hacia uno de los armarios, y tras rebuscar entre pastillas de detergente y diversos objetos de limpieza, sacaba una caja de cartón. Ladeé la cabeza, con curiosidad. Y cuando ví que me entregaba aquel cruasán, casi se me humedecieron los ojos. Estaba compartiendo conmigo la bollería secreta de Thomas Michael Fletcher. Qué buen hermano tenía.
Me relamí los labios y le quité aquel dulce de la mano, dándole un pequeño mordisco. Sentí como mi estómago me agradecía que entrara algo en él, aunque fuera aquello. Le dediqué una sonrisa a mi hermano, tragando con fuerza.
- Tú y tus escondites secretos...- murmuré, dándole otro mordisco. Recordaba que cuando éramos más jóvenes yo podía pasarme todo el día curioseando en nuestra casa de Londres, buscando toda la bollería escondida de Tom. Y jamás la encontraba si no me la decía. Cuando se trataba de dulces, toda protección era poca.
Pero también estaban aquellas maravillosas ideas suyas, como abrir las ventanas frontales, que no me hacían ninguna gracia. Me quejé con un murmurllo disgustado. Hacía un calor insoportable, no sé como la gente de Los Ángeles lo soportaba. Cosas como esas me hacian echar de menos Londres, en el que la temperatura era suave y podáis respirar con normalidad.
Y entonces llegó la temida pregunta. ¿Tanto se notaba que ocultaba algo? Jo, Carrie, que poco disimulada eres. Pensaba no tener que decírselo hasta dentro de un par de días. O tal vez nunca, ya se enteraría él. Pero si empezábamos así, desde luego mi secreto no duraría ni cinco minutos. Me mordí el labio, dejando caer los hombros. No sabía que hacer, no quería contárselo. Había visto como le afectaba aún todo aquello, y no se merecía que nada más comenzaba su nueva vida, llegara yo y le rompiera la burbuja.
Me quedé en silencio largo rato, y él también. Creo que incluso se pudo escuchar como tragaba saliva, nerviosa. Piensa, Carr, piensa. Entonces, él mismo me dió la idea, aunque no lo supiera. Que pronunciara el nombre de Charlie fué como si me clavaran miles de agujas. Me estremecí, recordando la conversación que tuve con él antes de irme. No quería hablar de ello, aún estaba todo muy reciente, pero tampoco quería contarle lo que pasaba realmente a Tom. Asi que decidí que lo mejor era que me centrara en aquel tema, aunque no me gustara, y olvidara lo de Giovanna.
Me giré hacia mi hermano, agachando la cabeza ante sus palabras. Tampoco queria que me viera mal, ya tenía él suficiente con lo suyo. Sacudí la cabeza y le miré, medio sonriendo. Si, quería aparentar que iba todo bien.
- Hemos roto.- pronuncié, sin contestarle a las preguntas anteriores. Aquello ya era suficiente respuesta.- Era lo mejor. Él está en Londres, y yo ahora estoy aquí.- seguí hablando, rápidamente. Necesitaba contárselo a alguien. Desvié la mirada hacia los azulejos de la cocina, como si repentinamente, me interesaran.- No vino a despedirse de mi en el aeropuerto. ¿Te lo puedes creer?- me mordí la lengua suavemente, intentando reprimir todo aquello. Sin embargo no pude evitar que se me humedecieran los ojos. Supongo que así es como se debió sentir mi hermano al cortar con Giovanna, o incluso peor. Los Fletcher no teníamos muy buena suerte en esto, por lo visto.
Alcé la mirada unos breves segundos. Tom estaba frente a mí, pidiéndome que guardara silencio respecto a lo que iba a pasar a continuación. Fruncí el ceño, parando la difícil tarea en la que me veía sumergida: ponerle mantequilla al pan de bimbo. Observé atentamente como se dirigía hacia uno de los armarios, y tras rebuscar entre pastillas de detergente y diversos objetos de limpieza, sacaba una caja de cartón. Ladeé la cabeza, con curiosidad. Y cuando ví que me entregaba aquel cruasán, casi se me humedecieron los ojos. Estaba compartiendo conmigo la bollería secreta de Thomas Michael Fletcher. Qué buen hermano tenía.
Me relamí los labios y le quité aquel dulce de la mano, dándole un pequeño mordisco. Sentí como mi estómago me agradecía que entrara algo en él, aunque fuera aquello. Le dediqué una sonrisa a mi hermano, tragando con fuerza.
- Tú y tus escondites secretos...- murmuré, dándole otro mordisco. Recordaba que cuando éramos más jóvenes yo podía pasarme todo el día curioseando en nuestra casa de Londres, buscando toda la bollería escondida de Tom. Y jamás la encontraba si no me la decía. Cuando se trataba de dulces, toda protección era poca.
Pero también estaban aquellas maravillosas ideas suyas, como abrir las ventanas frontales, que no me hacían ninguna gracia. Me quejé con un murmurllo disgustado. Hacía un calor insoportable, no sé como la gente de Los Ángeles lo soportaba. Cosas como esas me hacian echar de menos Londres, en el que la temperatura era suave y podáis respirar con normalidad.
Y entonces llegó la temida pregunta. ¿Tanto se notaba que ocultaba algo? Jo, Carrie, que poco disimulada eres. Pensaba no tener que decírselo hasta dentro de un par de días. O tal vez nunca, ya se enteraría él. Pero si empezábamos así, desde luego mi secreto no duraría ni cinco minutos. Me mordí el labio, dejando caer los hombros. No sabía que hacer, no quería contárselo. Había visto como le afectaba aún todo aquello, y no se merecía que nada más comenzaba su nueva vida, llegara yo y le rompiera la burbuja.
Me quedé en silencio largo rato, y él también. Creo que incluso se pudo escuchar como tragaba saliva, nerviosa. Piensa, Carr, piensa. Entonces, él mismo me dió la idea, aunque no lo supiera. Que pronunciara el nombre de Charlie fué como si me clavaran miles de agujas. Me estremecí, recordando la conversación que tuve con él antes de irme. No quería hablar de ello, aún estaba todo muy reciente, pero tampoco quería contarle lo que pasaba realmente a Tom. Asi que decidí que lo mejor era que me centrara en aquel tema, aunque no me gustara, y olvidara lo de Giovanna.
Me giré hacia mi hermano, agachando la cabeza ante sus palabras. Tampoco queria que me viera mal, ya tenía él suficiente con lo suyo. Sacudí la cabeza y le miré, medio sonriendo. Si, quería aparentar que iba todo bien.
- Hemos roto.- pronuncié, sin contestarle a las preguntas anteriores. Aquello ya era suficiente respuesta.- Era lo mejor. Él está en Londres, y yo ahora estoy aquí.- seguí hablando, rápidamente. Necesitaba contárselo a alguien. Desvié la mirada hacia los azulejos de la cocina, como si repentinamente, me interesaran.- No vino a despedirse de mi en el aeropuerto. ¿Te lo puedes creer?- me mordí la lengua suavemente, intentando reprimir todo aquello. Sin embargo no pude evitar que se me humedecieran los ojos. Supongo que así es como se debió sentir mi hermano al cortar con Giovanna, o incluso peor. Los Fletcher no teníamos muy buena suerte en esto, por lo visto.

Carrie H. Fletcher- Empleo: Hermana de Tom Fletcher.
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Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
SABÍA que algo había pasado. Aunque, en el foro, por muy de sabiondo que fuera ahora, era un completo ignorante, ya que desconocía en realidad la razón de su silencio. Al menos, aunque me afectara, no me enfadé como ella lo hizo conmigo cuando Gio y yo lo dejamos. Charlie era un buen chico, pero si habían cortado, debería de olvidarme de la amistad que a todos los Fletcher nos unía a él.
Me impresionó tanto de que Carrie y Charlie lo hubieran dejado que, mientras cortaba la próxima tapa de sandwich me pillé el dedo, levantándome ligeramente la piel y mostrando une pequeña mueca. Herida de sangre, pero superficial. Aun así, ambas cosas me asustaron: tanto el impacto del filo del cuchillo, como la noticia de Carrie.
Pensaba que estarían tristes por eso de la distancia, ¡no que habrían roto! Aunque, pensándolo bien, a mí me pasó lo mismo.
-Carrie, ¡no! ¿Te ha dejado él? -esto no podía ser obra de Carrie, de ningún modo. Siempre era la más positiva de todos, la que siempre se las apañaba para salirse con la suya. Si esto lo había provocado ella... Simplemente no lo entendía-. Estabais...
Creedme: cuando digo que me resultó extremadamente difícil decir lo siguiente, es que es verdad. Tanto tiempo escuchando lo mismo respecto a mi relación con Giovanna, que se me antojaba complicado y cruel decírselo a mi hermana. Sabía cuánto te daba de qué pensar aquellas cuatro palabras.
-...muy bien juntos.
Con una mirada inocente y repentinamente malherido, decidí desviar mis ojos de los de mi hermana hacia la mesa llena de tapas de sándwiches, con dos todavía por huntar la mantequilla encima. Me llevé el dedo herido a la boca, chupándomelo como un niño. Qué casualidad que, además, fuera el pulgar.
Guardé silencio sin saber muy bien qué decirle. Consejos vendo pero para mí (aunque yo añadiría "y mi hermana") no tengo. Me era muy difícil hacer de consejero con ella, que tan bien le había ido en la vida.
Cuando mencionó lo del aeropuerto me hizo sentir tremendamente mal, dando un salto al pasado donde a mí me pasó exactamente lo mismo. Giovanna y yo acabamos a gritos, a sollozos, y de un día a otro a no vernos, ¿tan mal habrían acabado ellos?
-Lo siento, pequeña. ¿De verdad que no fue? Pues él se lo pierde, menudo insensible.
No quería hablar demasiado porque todo lo que dijera me valdría para mí mismo, y como no estaba de humor para escucharme decir cosas como "Las cosas podrían haber acabado de otra manera, ¿te sentaste a hablar tranquilamente con él? Llámalo, hablad como personas civilizadas...". No quería escuchar lo que estuviera correcto, simplemente prefería que la gente me diera la razón, al menos hasta superarlo al cien por cien, que se aproximaba cada vez antes, lo cual era triste.
Era muy triste olvidarse de una persona con la que habías pasado años de tu vida. Era muy triste, además, que tuvieras que hacerlo enseguida, de modo que pudieras recuperar la normalidad en tu vida.
Negué con la cabeza, dándome la razón como a los tontos, porque era lo que era. Un maldito imbécil. Aunque, ¿qué narices? Nos quejábamos de la falta de igualdad y resultaba que siempre era el hombre el que tenía que luchar por recuperar a la chica. No, en mi ruptura ambos habíamos tenido la culpa. Y yo tenía todo el derecho de mirar mal a aquel que me tocara los cojones y me empujara a dar el paso de pedir perdón. Eso tendría que ser algo mutuo.
Aunque era evidente, que si uno no se molestaba, el otro tampoco lo haría. El tema de las relaciones, de conseguir recuperar la chispa, o de quedar como amigos, era complejo. El dicho de "dos no pelean si uno no quiere" se podía atribuír a otras situaciones "dos no se perdonan, si uno no quiere", y yo no quería, ya no. Yo sólo quería comprarme una tabla de surf e ir de guay por la playa de Malibú, como hacía todo quisqui ahí.
Me impresionó tanto de que Carrie y Charlie lo hubieran dejado que, mientras cortaba la próxima tapa de sandwich me pillé el dedo, levantándome ligeramente la piel y mostrando une pequeña mueca. Herida de sangre, pero superficial. Aun así, ambas cosas me asustaron: tanto el impacto del filo del cuchillo, como la noticia de Carrie.
Pensaba que estarían tristes por eso de la distancia, ¡no que habrían roto! Aunque, pensándolo bien, a mí me pasó lo mismo.
-Carrie, ¡no! ¿Te ha dejado él? -esto no podía ser obra de Carrie, de ningún modo. Siempre era la más positiva de todos, la que siempre se las apañaba para salirse con la suya. Si esto lo había provocado ella... Simplemente no lo entendía-. Estabais...
Creedme: cuando digo que me resultó extremadamente difícil decir lo siguiente, es que es verdad. Tanto tiempo escuchando lo mismo respecto a mi relación con Giovanna, que se me antojaba complicado y cruel decírselo a mi hermana. Sabía cuánto te daba de qué pensar aquellas cuatro palabras.
-...muy bien juntos.
Con una mirada inocente y repentinamente malherido, decidí desviar mis ojos de los de mi hermana hacia la mesa llena de tapas de sándwiches, con dos todavía por huntar la mantequilla encima. Me llevé el dedo herido a la boca, chupándomelo como un niño. Qué casualidad que, además, fuera el pulgar.
Guardé silencio sin saber muy bien qué decirle. Consejos vendo pero para mí (aunque yo añadiría "y mi hermana") no tengo. Me era muy difícil hacer de consejero con ella, que tan bien le había ido en la vida.
Cuando mencionó lo del aeropuerto me hizo sentir tremendamente mal, dando un salto al pasado donde a mí me pasó exactamente lo mismo. Giovanna y yo acabamos a gritos, a sollozos, y de un día a otro a no vernos, ¿tan mal habrían acabado ellos?
-Lo siento, pequeña. ¿De verdad que no fue? Pues él se lo pierde, menudo insensible.
No quería hablar demasiado porque todo lo que dijera me valdría para mí mismo, y como no estaba de humor para escucharme decir cosas como "Las cosas podrían haber acabado de otra manera, ¿te sentaste a hablar tranquilamente con él? Llámalo, hablad como personas civilizadas...". No quería escuchar lo que estuviera correcto, simplemente prefería que la gente me diera la razón, al menos hasta superarlo al cien por cien, que se aproximaba cada vez antes, lo cual era triste.
Era muy triste olvidarse de una persona con la que habías pasado años de tu vida. Era muy triste, además, que tuvieras que hacerlo enseguida, de modo que pudieras recuperar la normalidad en tu vida.
Negué con la cabeza, dándome la razón como a los tontos, porque era lo que era. Un maldito imbécil. Aunque, ¿qué narices? Nos quejábamos de la falta de igualdad y resultaba que siempre era el hombre el que tenía que luchar por recuperar a la chica. No, en mi ruptura ambos habíamos tenido la culpa. Y yo tenía todo el derecho de mirar mal a aquel que me tocara los cojones y me empujara a dar el paso de pedir perdón. Eso tendría que ser algo mutuo.
Aunque era evidente, que si uno no se molestaba, el otro tampoco lo haría. El tema de las relaciones, de conseguir recuperar la chispa, o de quedar como amigos, era complejo. El dicho de "dos no pelean si uno no quiere" se podía atribuír a otras situaciones "dos no se perdonan, si uno no quiere", y yo no quería, ya no. Yo sólo quería comprarme una tabla de surf e ir de guay por la playa de Malibú, como hacía todo quisqui ahí.



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Te reto a decirle a Harry que querrías hacer una orgía con Ashley, él, Emilia y tu. Y no, sin estar de coña - Emilia Clarcke.

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Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
No quería recordar, no me apetecía para nada. Hacia dos días estaba con Charlie comiéndome un helado mientras paseábamos por el parque. Todo iba genial, todo iba perfecto, como siempre. Dos años juntos, dos años que la distancia rompía como si de mantequilla de trataran. Era irónico, porque ahora mismo estaba untando aquello en los sandwiches. Me reí yo sola por mis pensamientos, dándome igual si Tom creía que su hermana se había vuelto loca.
Yo no sé como terminaron Tom y Giovanna. Sé lo que la gente cuenta, lo que me dijo mi hermano entre sollozos aquella tarde, lo que pude sentir cuando lo abracé. Pero jamás podría ponerme en la piel de él en el momento que aquello sucedió, asi que jamás sabré el por qué. Pero supongo que lo más cerca de sentir aquello, era basarme en mi propia experiencia. Y aquello era realmente un asco, sinceramente. Sé que suena egoista, pero preferiría no tener que haberlo pasado. Vivía mucho mejor en la ignorancia y mi propia felicidad personal. Las cosas bonitas nunca duran para siempre, eso es algo que tendría que aprender con el tiempo.
Me quedé mirando unos segundos el mármol de la encimera, olvidándome de los sandwiches unos segundos más. Le dirigí una mirada inescrutable a mi hermano cuando recito aquellas cuatro palabras, que no quería oir. Que él sabía que no quería oir. Nadie quiere oir aquello tras romper con alguien, y si alguien os dice lo contrario, miente. Creo que los que rompen ya saben que estaban muy bien juntos. O si no estaban bien juntos, solo ellos lo sabrán. La verdad, es que aquellas palabras eran penosas como consuelo.
Sacudí la cabeza y seguí con la tarea de la cocina, rápidamente. No merecía la pena ponerme mal por aquello, tampoco merecía la pena hacer recordar a mi hermano. Ya bastante es tener que soportar a un Fletcher deprimido, imaginate dos. Me froté los ojos y me eché el pelo hacia atrás, poniendo las lonchas de queso en la parte contraria de la mantequilla.
- Fuimos los dos.- mentí, con voz ahogada. Lo que pasó es que él intento convencerme de que me quedara, a base de recordarme cosas que habíamos hecho juntos. Más o menos como el video de 'Sorry's Not Good Enough' de McFLY. Yo le dije que no podía quedarme, pero que volvería, y lo único que me soltó fué que si me iba es que no le quería lo suficiente. Lo último que recuerdo es haberle dicho que estaría en el aeropuerto al día siguiente. Y no vino.- Pero no importa.- terminé, echando dos de los sandwiches en una sartén que encontré en un armario, y encndiendo la vitrocerámica.
Olvidar, eso es lo único que te obsesiona cuando terminas con alguien. Porque nadie quiere recordar, nadie quiere pasarse toda su vida llorando por la pérdida de esa persona. Charlie lo había decidido así, y yo tenía que respetarlo. Pero sabía que esto sería horrible, como sabía que si me llamaba tan solo una vez durante las pimeras semanas que estuviera aquí, sería tan idiota de cojérselo y perdonarle. Pero aquello no iba a pasar, y tenía 18 años. Mi vida iba a continuar, asi que no me estancaría.
Dejé la sartén sobre el fuego y me giré a mirar a mi hermano, que estaba lamiéndose la herida del pulgar. Sonreí de lado, aquellos tontos gestos podían hacerme enterrar los recuerdos en menos de un segundo. Me acerqué a él y le agarré la mano, mirándole la pequeña herida. No era nada más que un corte superficial, pero en estos cortes la sangre siempre lo hacia parecer más de lo que era.
- ¿Ves como tengo razón con lo del reality? ¡No sabes ni cortar el pan bimbo!- bromeé, dándole un golpecito en la nariz. Iba a preguntarle dónde tenían las tiritas, o algo así. Pero me callé, porque el desastre era tan grande que seguramente se encogería de hombros y me diría que no tenía ni idea.
Volví a la vitrocerámica para dar la vuelta a los improvisados sandwiches, para luego girarme y señalar a mi hermano, repentinamente contenta. Aquellas bipolaridades no me solían coger a menudo, no os creáis.
- Y tú y yo, nos vamos mañana por ahí. Que tienes cara de no haber salido en toda la semana de este manicomio, y eso no te hace bien.- dí una palmada y seguí a lo mío con la comida. Eso era lo bueno de mí, o eso creía. Podía estar al borde del llanto un momento, y de repente estar dándo botes, solo para no ver afectados a los de mi alrededor. Además, yo necesitaba olvidarme de Charlie, y él de Giovanna.
Yo no sé como terminaron Tom y Giovanna. Sé lo que la gente cuenta, lo que me dijo mi hermano entre sollozos aquella tarde, lo que pude sentir cuando lo abracé. Pero jamás podría ponerme en la piel de él en el momento que aquello sucedió, asi que jamás sabré el por qué. Pero supongo que lo más cerca de sentir aquello, era basarme en mi propia experiencia. Y aquello era realmente un asco, sinceramente. Sé que suena egoista, pero preferiría no tener que haberlo pasado. Vivía mucho mejor en la ignorancia y mi propia felicidad personal. Las cosas bonitas nunca duran para siempre, eso es algo que tendría que aprender con el tiempo.
Me quedé mirando unos segundos el mármol de la encimera, olvidándome de los sandwiches unos segundos más. Le dirigí una mirada inescrutable a mi hermano cuando recito aquellas cuatro palabras, que no quería oir. Que él sabía que no quería oir. Nadie quiere oir aquello tras romper con alguien, y si alguien os dice lo contrario, miente. Creo que los que rompen ya saben que estaban muy bien juntos. O si no estaban bien juntos, solo ellos lo sabrán. La verdad, es que aquellas palabras eran penosas como consuelo.
Sacudí la cabeza y seguí con la tarea de la cocina, rápidamente. No merecía la pena ponerme mal por aquello, tampoco merecía la pena hacer recordar a mi hermano. Ya bastante es tener que soportar a un Fletcher deprimido, imaginate dos. Me froté los ojos y me eché el pelo hacia atrás, poniendo las lonchas de queso en la parte contraria de la mantequilla.
- Fuimos los dos.- mentí, con voz ahogada. Lo que pasó es que él intento convencerme de que me quedara, a base de recordarme cosas que habíamos hecho juntos. Más o menos como el video de 'Sorry's Not Good Enough' de McFLY. Yo le dije que no podía quedarme, pero que volvería, y lo único que me soltó fué que si me iba es que no le quería lo suficiente. Lo último que recuerdo es haberle dicho que estaría en el aeropuerto al día siguiente. Y no vino.- Pero no importa.- terminé, echando dos de los sandwiches en una sartén que encontré en un armario, y encndiendo la vitrocerámica.
Olvidar, eso es lo único que te obsesiona cuando terminas con alguien. Porque nadie quiere recordar, nadie quiere pasarse toda su vida llorando por la pérdida de esa persona. Charlie lo había decidido así, y yo tenía que respetarlo. Pero sabía que esto sería horrible, como sabía que si me llamaba tan solo una vez durante las pimeras semanas que estuviera aquí, sería tan idiota de cojérselo y perdonarle. Pero aquello no iba a pasar, y tenía 18 años. Mi vida iba a continuar, asi que no me estancaría.
Dejé la sartén sobre el fuego y me giré a mirar a mi hermano, que estaba lamiéndose la herida del pulgar. Sonreí de lado, aquellos tontos gestos podían hacerme enterrar los recuerdos en menos de un segundo. Me acerqué a él y le agarré la mano, mirándole la pequeña herida. No era nada más que un corte superficial, pero en estos cortes la sangre siempre lo hacia parecer más de lo que era.
- ¿Ves como tengo razón con lo del reality? ¡No sabes ni cortar el pan bimbo!- bromeé, dándole un golpecito en la nariz. Iba a preguntarle dónde tenían las tiritas, o algo así. Pero me callé, porque el desastre era tan grande que seguramente se encogería de hombros y me diría que no tenía ni idea.
Volví a la vitrocerámica para dar la vuelta a los improvisados sandwiches, para luego girarme y señalar a mi hermano, repentinamente contenta. Aquellas bipolaridades no me solían coger a menudo, no os creáis.
- Y tú y yo, nos vamos mañana por ahí. Que tienes cara de no haber salido en toda la semana de este manicomio, y eso no te hace bien.- dí una palmada y seguí a lo mío con la comida. Eso era lo bueno de mí, o eso creía. Podía estar al borde del llanto un momento, y de repente estar dándo botes, solo para no ver afectados a los de mi alrededor. Además, yo necesitaba olvidarme de Charlie, y él de Giovanna.

Carrie H. Fletcher- Empleo: Hermana de Tom Fletcher.
Localización: Físicamente, Los Ángeles. Mentalmente, Londres.
Cantidad de envíos: 32
Fecha de inscripción: 08/07/2011
Re: Tom, yo soy tu hermana. {El Fletcher, y si quieren acoplarse, algún McFLY.}
Al igual que yo había hecho muchas veces tanto con ella, como con mis padres o los chicos, Carrie, sin ganas de hablar del tema, continuó con sus asuntos.
En un momento se rió, y eso me dejó un tanto confuso, pero no la juzgué, porque de vez en cuando no venía mal algo de humor, o sarcasmo. O lo que fuera aquello por lo que había sonreído.
La verdad es que con la sangre de mi dedo se me habían ido las ganas de comer, pero no le haría semejante feo a mi hermana y me comería un sandwich con ella. Cogí las tapas de mantequilla y les puse jamón y queso, para luego cocinarlas y llevársela a los chicos a su habitación. Para que luego dijeran que los Fletcher no éramos detallistas...
Carrie se sentó frente a mí al ver cómo me había cortado el dedo. Era tan maternal que muchos de mis amigos la veían más como una Wendy que a ellos, los niños perdidos, les contaba cuentos. Por muy buena que dijeran que estuviera, la gran mayoría de mis colegas la veían demasiado frágil como para que intentaran algo con ella (además de que estaba con Charlie... bueno, ahora no). Por eso respetaba tanto a mis amigos y a su respeto hacia Carrie. Me gustaba que la trataran como yo, ni peor, ni mejor, por muy egoísta que sonara.
Le devolví una sonrisa de oreja a oreja, sacándome el dedo de la boca y viendo cómo el corte se quedaba un tanto húmedo por mi saliva. La sangre había disminuido y ahora tan sólo se asomaba un puntito de ella. Pero sabía que escocería. Al igual que las putadas de la vida, las heridas sanaban, pero siempre se transformaban en cicatriz después de un proceso de enrojecimiento, picor, y cicatrizamiento.
-No es mi culpa que me hayas distraido -murmuré con inocencia, poniendo morritos y ojitos de un cordero a punto de ser sacrificado.
Carrie rió entre dientes y volvió a donde estaba segundos antes, invitándome de pronto a algún plan el próximo día. Esperaba que no me estuviera diciendo que nos fuéramos de copas, porque yo no era el típico hermano mayor enrollado en cuanto a juerga se refiere (bueno, lo era, pero no con mi hermana, tenía que ser ejemplar).
Aún así, asentí con la cabeza, gustoso por salir a hacer algo con ella como ver la ciudad, ir a la playa, o estar tumbados tomando el sol en el jardín, o bañando a los gatos, para variar. Era una tarea peligrosa, pero divertida.
Tras cocinar los sándwiches, me tiré un rato en una hamaca que Harry había colgado entre los dos cipreses de la zona delantera de la casa, donde, el primer día, Marvin se había subido y tuvimos que rescatarlo.
Estuve tirado un buen tiempo, a la mejor hora con sombra, mientras cogiendo mi móvil, me disponía a borrar viejos recuerdos...
¿Está seguro de que quiere borrar el archivo "Gio_0200"?
Sí.
...y guardar nuevos.

En un momento se rió, y eso me dejó un tanto confuso, pero no la juzgué, porque de vez en cuando no venía mal algo de humor, o sarcasmo. O lo que fuera aquello por lo que había sonreído.
La verdad es que con la sangre de mi dedo se me habían ido las ganas de comer, pero no le haría semejante feo a mi hermana y me comería un sandwich con ella. Cogí las tapas de mantequilla y les puse jamón y queso, para luego cocinarlas y llevársela a los chicos a su habitación. Para que luego dijeran que los Fletcher no éramos detallistas...
Carrie se sentó frente a mí al ver cómo me había cortado el dedo. Era tan maternal que muchos de mis amigos la veían más como una Wendy que a ellos, los niños perdidos, les contaba cuentos. Por muy buena que dijeran que estuviera, la gran mayoría de mis colegas la veían demasiado frágil como para que intentaran algo con ella (además de que estaba con Charlie... bueno, ahora no). Por eso respetaba tanto a mis amigos y a su respeto hacia Carrie. Me gustaba que la trataran como yo, ni peor, ni mejor, por muy egoísta que sonara.
Le devolví una sonrisa de oreja a oreja, sacándome el dedo de la boca y viendo cómo el corte se quedaba un tanto húmedo por mi saliva. La sangre había disminuido y ahora tan sólo se asomaba un puntito de ella. Pero sabía que escocería. Al igual que las putadas de la vida, las heridas sanaban, pero siempre se transformaban en cicatriz después de un proceso de enrojecimiento, picor, y cicatrizamiento.
-No es mi culpa que me hayas distraido -murmuré con inocencia, poniendo morritos y ojitos de un cordero a punto de ser sacrificado.
Carrie rió entre dientes y volvió a donde estaba segundos antes, invitándome de pronto a algún plan el próximo día. Esperaba que no me estuviera diciendo que nos fuéramos de copas, porque yo no era el típico hermano mayor enrollado en cuanto a juerga se refiere (bueno, lo era, pero no con mi hermana, tenía que ser ejemplar).
Aún así, asentí con la cabeza, gustoso por salir a hacer algo con ella como ver la ciudad, ir a la playa, o estar tumbados tomando el sol en el jardín, o bañando a los gatos, para variar. Era una tarea peligrosa, pero divertida.
Tras cocinar los sándwiches, me tiré un rato en una hamaca que Harry había colgado entre los dos cipreses de la zona delantera de la casa, donde, el primer día, Marvin se había subido y tuvimos que rescatarlo.
Estuve tirado un buen tiempo, a la mejor hora con sombra, mientras cogiendo mi móvil, me disponía a borrar viejos recuerdos...
¿Está seguro de que quiere borrar el archivo "Gio_0200"?
Sí.
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- Spoiler:




Who's your lover?
I couldn't tell...
- Retos:

Te reto a hacerte una orgía con el resto de McFLY. Pero con público, será divertido :D - Ashley Tisdale.
Te reto a decirle a Harry que querrías hacer una orgía con Ashley, él, Emilia y tu. Y no, sin estar de coña - Emilia Clarcke.

Tom M. Fletcher- Cat? I'm a Kitty Cat.
- Empleo: Vocalista, guitarrista y compositor.
Localización: Los Ángeles, CALIFORNIA.
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Fecha de inscripción: 16/03/2009
Edad: 18

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